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TODO LO QUE DEBES SABER SOBRE EL REGIMEN DE VISITAS

Al salir del domicilio familiar, el padre que no se queda bajo los cuidados y atenciones directas de los hijos (en nuestro país, en la mayoría de los casos, el padre), se tiene que conformar con un régimen de visitas.

Dejas de compartir tu vida a diario con tus hijos, para verlos en aquellos periodos de tiempo que un juez considera suficientes para que un padre y un hijo mantengan esa necesaria relación.

         ¿Alguien se ha preguntado alguna vez, qué supone para un niño dejar de ver a su padre a diario?

         En el post de esta semana vamos a centrarnos en hablar del régimen de visitas. Y como nos gusta en Casasempere abogados, vamos a ir un poco más allá del derecho. Vamos a centrarnos en lo verdaderamente importante, las personas.

La primera pregunta que se hace todo padre al romper su relación de pareja es ¿cuándo voy a ver a mis hijos? Cuando sales del domicilio familiar y no tienes atribuida la custodia de los hijos, empiezas a darte cuenta de lo mucho que llenaban tu vida todos esos momentos en casa, en los que podías ver y disfrutar de tus hijos.

         Empiezas a recordar momentos, como cuando llegabas de trabajar y tu hijo pequeño estaba en la bañera jugando y podías ponerte a jugar con él, y verlo feliz chapoteando en el agua con sus juguetes de goma, o como cuando al llegar a casa estaba sentado en su trona y podías ayudarle a que terminase la cena haciéndole mil y una monerías para que comiera y te sonriera. O como cuando te ibas a acostar por la noche y podías asomarte a la puerta de su habitación y verlo dormir plácidamente al ritmo de su respiración. O una de mis preferidas, levantarlo por la mañana, vestirlo y llevarlo al colegio mientras le hacías reír en el coche o disfrutabas de su música favorita. Yo, como divorciado, he echado de mucho de menos estos momentos.

         Hay muchas personas que no entienden lo mucho que un padre divorciado disfruta estas pequeñas cosas. Incluso les sorprende que se echen tanto de menos. Lo que no entienden es que el secreto de la vida es disfrutar de los pequeños detalles. De aquellos instantes en los que eres totalmente feliz.

         Cuando dejas de convivir con tus hijos, es cuando te das cuenta de verdad de lo mucho que los echas de menos. De lo largo que se te hacen los días entre una visita y otra.

         Muchas madres piensan que los padres piden las custodias compartidas sólo por temas económicos y, en muchas ocasiones, es porque no han vivido en persona la experiencia de no ver a sus hijos.

¿Sabes esa sensación de vacío, soledad, o silencio que vives en casa cuando tus hijos se van a pasar la mitad de las vacaciones con su padre? Pues los padres la vivimos prácticamente desde el primer minuto. En muchas ocasiones nadie se para a preguntarnos, ¿a ti cómo te gustaría ver a tus hijos?

 Pasamos de un día a otro, de ser parte de los cuidados de los hijos, a sentirnos desplazados, apartados y a tener que conformarnos con un régimen de visitas mínimo.

         Hace dos semanas volví a oír, en la sala de juzgado, a un padre que aclaraba al Juez lo siguiente: “no me gusta el termino visitador, no me considero un padre visitador, soy PADRE y comparto mi tiempo con mi hijo. Yo no lo visito. Yo estoy con él y, Señoría, pido la custodia compartida porque quiero participar en igualdad de tiempo como su madre”.

En este apartado vamos a ver la regulación en nuestro código civil de las visitas entre padres no custodios e hijos

VISITAS CODIGO CIVIL

Encontramos la definición de visitas en el artículo 94 código civil:

El progenitor que no tenga consigo a los hijos menores o incapacitados gozará del derecho de visitarlos, comunicar con ellos y tenerlos en su compañía. El Juez determinará el tiempo, modo y lugar del ejercicio de este derecho, que podrá limitar o suspender si se dieren graves circunstancias que así lo aconsejen o se incumplieren grave o reiteradamente los deberes impuestos por la resolución judicial.”

Lo primero que observamos al leer este artículo, es que el régimen de visitas se compone de los siguientes elementos:

1.- VISITAS.

2.- COMUNICACIONES.

3.- ESTANCIAS.

De primeras, se hace necesario empezar clarificando que se entiende cuando hablamos de cada uno de estos términos.

1.- VISITAS.

Son aquellos espacios de tiempo en los que el progenitor que no tiene la custodia, puede ver a sus hijos en un espacio de tiempo muy definido, normalmente por unas pocas horas. Suele identificarse con la visita entre semana.

2.- COMUNICACIONES.

         Son los medios que se ponen a disposición de los hijos para que estos puedan mantener un contacto o comunicación con su padre. Comprenden las llamadas, video llamadas, mails, WhatsApp, o cualquier otro medio que se establezca y sirva para que los hijos puedan contactar y comunicarse libremente con sus padres.

3.- ESTANCIAS.

Son aquellos espacios de tiempo en lo que el progenitor que no tiene la custodia, puede permanecer en compañía de sus hijos por periodos de tiempo más largos o prolongados. Normalmente se identifica con los fines de semana y periodos vacacionales.

Cuando hablamos de régimen de visitas, siempre lo tenemos que poner en relación con el padre no custodio. Aquel padre que no convive a diario con los menores. Es él quien necesita disponer de un tiempo para estar y disfrutar de sus hijos. En consecuencia, estas dos palabras forman simbiosis REGIMEN DE VISITAS PADRE NO CUSTODIO.

Vamos a explicar los factores esenciales que se tienen en cuenta para determinar un régimen de visitas mínimo.

¿CUÁL ES EL REGIMEN DE VISITAS MINIMO?

Delimitar un régimen de visitas mínimo es complicado porque cada caso es especial y único. Para poder responder a esta primera pregunta, debemos tener en cuenta diversos factores:

1.- Edad de los hijos.

2.- Ocupación y disponibilidad horaria del padre.

3.- Distancia entre las poblaciones de residencia de los padres.

4.- Posibles circunstancias especiales de los hijos.

5.- Interés o deseo de implicación de los padres.

En función de la edad de los hijos el régimen de visitas será más o menos amplio.

1.- EDAD DE LOS HIJOS.

         Resulta evidente que el régimen de visitas no va a ser igual de amplio para un bebe lactante, que tiene una dependencia mayor de los cuidados y atenciones de la madre, que para un niño de 11 años. La edad de los hijos es uno de los principales factores a la hora de fijar el régimen de visitas.

En función de la edad se va a valorar el pernoctar en compañía del padre o no y, en consecuencia, la amplitud de las visitas y estancias está condicionada en gran medida a la edad de los hijos.

La ocupacion laboral y su disponibilidad o flexibilidad horaria va a condicionar los tiempos del régimen de visitas del padre no custodio con sus hijos

2.- OCUPACION Y DISPONIBILIDAD HORARIA DEL PADRE.

         Seamos sinceros. Si el padre trabaja todo el día, incluso los fines de semana, las visitas van a ser muy complicadas de realizar. Por eso, se hace necesario individualizar y conocer en profundidad las características de cada supuesto. No se puede generalizar en las visitas. Es necesario construir un régimen de visitas acorde a la situación que viven los padres en cada supuesto concreto.

         El régimen de visitas mínimo sirve como punto de referencia para tener un punto de partida sobre el que construir el régimen de visitas concreto para tu situación. Por ello, es imprescindible contar con la ayuda en este tipo de procesos de un abogado especializado en derecho de familia, que sea capaz de transmitir a ambos padres la necesidad de entenderse.

         La imposición en el juzgado de un régimen de visitas estándar no va a cubrir las necesidades concretas de esos padres, solo va a parchear la situación.

La distancia entre las poblaciones de residencia de los padres también es un factor que condiciona el régimen de visitas

3.- DISTANCIA ENTRE LAS POBLACIONES DE RESIDENCIA DE LOS PADRES.

      La flexibilidad en las visitas también va a depender de la distancia entre los domicilios, tras la ruptura de la convivencia común entre los padres. En ocasiones, económicamente se hace inviable el mantenimiento de una vivienda de alquiler próxima al domicilio familiar y el padre no custodio tiene que retornar a la casa familiar, lo que supone, en ocasiones, distancias y desplazamientos considerables que dificultan y encarecen las visitas con los hijos.

Que los hijos tengan cuidados especiales también es una característica a tener presente para fijar un régimen de visitas con los hijos

4.- POSIBLES CIRCUNSTANCIAS ESPECIALES DE LOS HIJOS.

      Nos referimos a la existencia de terapias especiales o tratamientos imprescindibles, para corregir problemas de salud, conductuales o habilidades psicosociales, o problemas de compresión. También influyen a la hora de regular las visitas. Pongo de ejemplo el de mi hijo pequeño. Mi hijo necesitaba la ayuda de un logopeda para corregir problemas del habla, lo que hacía que las visitas de los martes y los jueves de aquellas semanas en las que no disfrutaba del fin de semana, me las pasara llevándolo y recogiéndolo del centro de logopedia.

Ese tipo de circunstancias especiales hacen que también se limiten los espacios de tiempo de visitas porque será prioritario que el hijo no falte a esas consultas o tratamientos.

El régimen de visitas también va a depender del deseo o implicación del padre para que sea más o menos amplio.

5.- INTERES O DESEO DE IMPLICACION DE LOS PADRES.

      Por muchas visitas que se pongan, si el padre no tiene interés en estar con sus hijos, no va a servir de nada establecerlas.

         Parece una trivialidad, pero puedo asegurar que, en los 21 años de profesión que llevo a mis espaldas, he visto todo tipo de situaciones y aunque parezca descabellado me he encontrado padres que al salir de la sala de vista me han llegado a preguntar ¿Es obligatorio cumplir el régimen de visitas?

         No todos los padres desean ejercer de forma activa ese papel y no por ello merecen critica alguna. Es su opción de vida y se debe respetar. Desde mi punto de vista, es mejor decirlo claro desde un principio y tenerlo en cuenta, que obligar a realizar unas visitas en las que no va a prestar atención alguna a sus hijos.

Pero para dar respuesta a esta pregunta, un régimen de visitas mínimo que puede servir como punto de partida en una custodia exclusiva materna es:

Fines de semana alternos: Desde los sábados por la mañana, al domingo a las 20 horas.

Visitas inter semanales: los miércoles de aquellas semanas en las que se disfruta de la compañía de los hijos en fin de semana, y los martes y jueves en las semanas en las que no se disfruta de fin de semana. Normalmente, desde la salida del centro escolar hasta las 20 horas, en las que el padre los retornará al domicilio de la madre.

Vacaciones por mitad.

Este es el régimen de visitas mínimo sobre el que después, según las circunstancias que hemos reseñado, se ampliará o limitará más su disfrute. Realmente, existen tantos regímenes de visitas como rupturas con hijos. Lo importante es buscar aquel que se ajuste a las necesidades de los hijos y las posibilidades de los padres.

vamos a explicar que significa fin de semana alternos en compañía del padre no custodio

¿QUE SIGNIFICA FINES DE SEMANA ALTERNOS?

Significa que un fin de semana le corresponderá al padre estar en compañía de sus hijos y al siguiente le corresponderá a la madre disfrutar en fin de semana de sus hijos. Hay una alternancia en el disfrute de la compañía de los hijos, todo ello para que la madre no solo tenga las obligaciones y las carreras del día a día con los colegios, deberes, actividades extraescolares…y que ella también pueda disfrutar de ocio junto a sus hijos.

¿QUÉ SIGNIFICA REGIMEN DE VISITAS INTERSEMANAL?

Son las visitas que se establecen entre semana, en la jornada escolar de los hijos, para que los hijos puedan disfrutar de ver a su padre, para mantener ese contacto necesario que les ayuda en su desarrollo y evolución.

REGIMEN DE VISITAS DIAS FESTIVOS

Si los festivos constituyen puente unido al fin de semana, será disfrutado por aquel padre al que le corresponda disfrutar del fin de semana. Y si son festivos independientes, normalmente, serán disfrutados de forma alterna.

Resulta esencial establecer de manera expresa este tipo de regulaciones en el convenio para evitar conflictos. Los padres divorciados están en tal estado de agitación emocional que es como tener a un mono dando vueltas con una antorcha por un polvorín. En cualquier momento, estalla todo por los aires.

Por eso, en Casasempere abogados nos gusta decir que la sentencia debe estar en un cajón y sólo debe abrirse y consultarla cuando estemos atravesando momentos de tensión en la relación como padres. Y consultarla a efectos de aclaración no de reproche. Y, ante todo y sobre todo, debe existir cooperación, coordinación y diálogo como padres.

Si el objetivo común es lo mejor para los hijos es imprescindible que exista esa mínima comunicación.

Seguramente estarás pensando, vale, pero yo me divorcié precisamente para no tener que estar hablando con él o ella. Perfecto, nadie dice que tengáis que ser amigos y contaros vuestras confidencias. Hay que hablar como padres.

Explicamos como se debe hacer para evitar conflictos el momento entrega recogida hijos cuando uno se divorcia

ENTREGA RECOGIDA HIJOS

La entrega y recogida de los hijos es uno de los detonantes que mayor conflicto genera entre los padres recién divorciados.

Ese pequeño espacio de tiempo en el que el hijo pasa de la mano de uno a otro genera multitud de situaciones de conflicto y enfrentamiento.

Por eso, en Casasempere abogados aconsejamos que el cambio de mano se haga en el colegio, sin la necesidad, al menos de inicio, de que ambos padres tengan que verse. El simple hecho de verse, aunque sea sin cruzarse ni una palabra, es motivo suficiente para generar que estalle la guerra.

La mejor opción es recoger a los niños del colegio y, de ser posible por la edad, entregarlos también en el colegio al día siguiente o al terminar el fin de semana. Cuanto menos contacto haya entre los padres menos posibilidades de que salte el enfrentamiento.

Establecer el régimen de visitas sin convenio regulador es una de los momentos de mayor tensión entre las parejas que empiezan el camino del divorico

REGIMEN DE VISITAS SIN CONVENIO REGULADOR

Uno de los momentos de mayor tensión, y que suele coincidir con el inicio de la ruptura, es la regulación inicial previa a la sentencia o a la firma de un convenio regulador.

Coincide el inicio de la negociación, o la puesta en común de los deseos de ambas partes, con el momento de mayor tensión emocional fruto de la decisión de ruptura, o por la acumulación de dolor como consecuencia de los hechos que hayan llevado a la ruptura.

Sirva de ejemplo de lo que se llega a vivir. Tuvimos durante 6 meses a un padre cohabitando en la misma vivienda con la madre y su hijo menor de 3 años de edad. La madre se negaba absolutamente a conceder una custodia compartida, a pesar de que se solicitó el ir incorporándola de forma progresiva.

La convivencia era complicada, recibía insultos, descalificaciones y la madre le impedía disfrutar con flexibilidad de su hijo. Impuso un régimen estricto de visitas al estilo custodia exclusiva materna pero como si el menor tuviera menos de un año.

El padre solo podía ver a su hijo dos días entre semana a pesar de estar conviviendo en el mismo domicilio desde las 16 horas a las 20 horas, en pleno verano y un día de los fines de semana sin posibilidad de pernocta alguna.

El padre le pedía que le dejara más tiempo con su hijo, pero la respuesta siempre era un NO. Tú tienes tu tiempo.

En el interior de la casa, no le permitía que le diera la cena, que lo bañara o que durmiera con él en el salón, pese a la propia insistencia del niño. Todo era un NO.

El padre aguantó estoicamente la situación y estuvo al borde de la denuncia de malos tratos en varias ocasiones, porque la única forma, mientras llegaba la fecha señalada para la comparecencia de medidas provisionales, era la única manera de tener la seguridad de que iba a poder ver y estar con su hijo.

Era una situación de desgaste emocional que resultaba totalmente absurda, máxime cuando en las comparecencia de medidas provisionales, con la intervención conciliadora del juez y del Fiscal, se terminó poniendo un régimen de visitas amplio consistente en fines de semana alternos desde el viernes a la salida del colegio hasta el lunes por la mañana que lo llevaba al colegio, y visitas entre semana consistentes en dos días la semana que no disfrutaba del fin de semana y un día la semana que tenía el disfrute del fin de semana.

En la única sesión de negociación que se entabló con los abogados de la otra parte se ofreció un régimen mucho menos amplio para ir aumentándolo cada dos meses con la idea de que la madre fuera acostumbrándose a la situación.

Sin embargo, la negativa de la madre, y la poca o nula colaboración de los abogados contrarios, provocaron que durante 6 largos meses, mientras esperaban la vista de medidas provisionales, tuvieran que vivir en continua y constante tensión.

Pero no penséis que esto lo viven solo los padres. En otro caso, ayudábamos a la madre con su divorcio con un hijo menor de 2 años. Esta mujer desde el primer minuto manifestó ser partidaria de compartir en custodia compartida a su hijo con el padre y, de hecho, se quejaba de que durante los dos primeros años de vida de su hijo el padre había estado ausente.

El niño en este asunto tenía una especialidad. Había rechazado desde el nacimiento cualquier tipo de tetina artificial con lo que no usaba ni chupetes ni biberones. Desde pequeño estaba acostumbrado a dormirse en el pecho materno, y aún así el padre se empeñó en querer forzar más tiempo de estancia con el niño, llegando a provocar que el propio menor mostrara rechazo a querer irse con su padre.

En lugar de mantener la tranquilidad e ir poco a poco, quiso acelerar el ritmo tratando de llegar a una custodia compartida cuanto antes y, con desesperación, empezó a amenazar, sin ni siquiera existir un régimen de visitas, a que su hijo se quedara a dormir con él.

Esta situación tensionó en varias ocasiones la buena relación inicial, y al final la madre ante las continuas amenazas, y viendo que su hijo mostraba cada vez más rechazo a irse con su padre, debido en gran parte a que éste lo forzaba en tiempo, tuvo que limitar las visitas a realizarlas en su presencia hasta que existiera un auto de medidas provisionales.   

régimen de visitas sin sentencia o como distribuir el tiempo con los hijos cuando todavía no hay acuerdo o regulación

REGIMEN DE VISITAS SIN SENTENCIA

Como estamos viendo, es un momento de mucha tensión entre las partes porque se suelen olvidar de los intereses de los menores, y cada uno tira y tensa la cuerda en su propio beneficio.

En este tipo de situaciones también hace mucho el papel del abogado que te esté asesorando, porque si el profesional no rebaja la tensión y sólo se centra en la posible posición procesal, va a oponerse a admitir ciertos comportamientos que si no existiera la tensión nadie cuestionaría.

Por ejemplo, en el segundo caso, el padre forzó el quedarse a dormir al niño durante la siesta, sin preaviso, de forma sorpresiva, y la respuesta de la madre podría haber sido el negarse a volver a hacer visitas hasta la existencia de un auto o acuerdo firmado. Sin embargo, nuestra posición fue que el niño había reaccionado bien, durmiendo junto a su padre y que se probara otra vez, siempre que el niño reaccionara adecuadamente.

Se probó varias veces más y el resultado fue a peor. Cuanto más se tensaba menos quería el niño ir con su padre, pero el padre, lejos de entender la reacción de su hijo, culpabilizó a la madre, tensando la relación y amenazando con quedárselo a dormir toda la noche.

¿Era esa postura la más adecuada?

En realidad, nadie lo sabe, sin embargo la reacción del niño a partir de esos momentos era de negarse a ir con su padre.

Por eso, siempre aconsejamos que en esos periodos de tiempo en los que todavía no hay medidas provisionales, sentencia o acuerdo, que se trate de no tensar la comunicación ni la relación entre los padres. Ambos deben poner su foco en considerar lo mejor para su hijo, pero sin encabezonarse en un concreto resultado.

NO DEJAR VER A LOS HIJOS SIN SENTENCIA.

Es sin ninguna duda lo peor que se puede llegar a hacer con un padre o madre que no disfruta de la compañía de sus hijos a diario.

¿Se le puede negar a un padre ver a su hijo?

No debería ser lo habitual entre padres que se separan, pero la verdad es que se ve en muchos casos. Sin embargo, si estás en esa situación, permítenos que te hagamos una reflexión. ¿Qué grado de responsabilidad tienes tú en este hecho? ¿Qué has podido hacer tú para que vivas este resultado?

Estoy convencido de que, si eres del todo sincero, podrás analizar tus conductas pasadas en la convivencia común, o tus decisiones durante los primeros meses de ruptura, y encontrarás la verdadera causa de que ahora vivas esa situación.

Por norma, tendemos a mirar hacia fuera y a responsabilizar al otro padre o madre, y nos olvidamos de mirarnos en un espejo y ser totalmente sinceros con nuestras propias actuaciones.  

¿LO MEJOR ES UN REGIMEN DE VISITAS AMPLIO Y FLEXIBLE?

Muchos convenios reguladores establecen en su contenido la siguiente fórmula genérica: “ambos padres establecen un régimen de visitas amplio y flexible acorde a las necesidades de los hijos”.

Esto está muy bien, pero nos olvidamos de que al principio de la ruptura la tensión entre los padres es máxima y que lo mejor es evitar formulas vagas e imprecisas, que obliguen a tener que estar continuamente negociando acuerdos. No es momento de acuerdos constantes.

Al principio de la ruptura, lo mejor es establecer de forma precisa los tiempos de visitas para que no haya confusión alguna y para que sea fácil de llevar a la práctica. No tenemos que depender de la buena voluntad de nadie para poder ver a nuestros hijos.

Si sabes que visitas a tus hijos todos los martes y jueves, de 17 a 20, no hay discusión alguna ni es necesario ponerse de acuerdo en nada.

Establecer en convenio regulador régimen de visitas amplio va a depender mucho de la edad de los hijos, y de la madurez y responsabilidad de los padres, porque estas formulas tan amplias en menores de 8 años, con padres en pleno conflicto emocional, no suelen dar muy buen resultado.

el régimen de visitas hijos mayores de 12 años tiene especialidades por la edad

¿QUÉ PASA CON EL REGIMEN DE VISITAS HIJOS MAYORES DE 12 AÑOS?

A partir de los 12 años, los niños empiezan a tener su propia vida social y si son niñas más aún. Por todos es sabido que las mujeres maduran mucho antes y eso se nota en los intereses a partir de los 12 años. Mientras los niños siguen estando más centrados en juegos más infantiles, las niñas ya empiezan a querer salir a sitios más propios de edades un poco más avanzadas.

A estas edades, a las niñas les gusta más estar con gente de más edad que ellas porque les hace sentirse más mayores. Esto genera conflicto con sus padres, que quieren que sigan siendo aquellas princesitas que sólo tenían ojos para sus padres.

A partir de los 14 años, el régimen de visitas amplio y flexible sí sería de plena aplicación. Las hijas suelen tener planes todos los fines de semana y son ellas las que organizan su tiempo de ocio.

Hay que tener mucha paciencia y buscar compartir el tiempo con ellos de otra manera. Quedar a comer, salidas muy puntuales como acompañarlas a un concierto, espectáculos o actividades que son de su total interés y habitualmente en compañía de sus mejores amigas.

A estas edades hay que formar parte de su grupo para estar presente en su vida, pero no se les puede obligar a permanecer un fin de semana en una u otra casa, salvo que ellos lo consientan.

MAYORIA DE EDAD Y RÉGIMEN DE VISITAS

Poco hay que decir, si en función del género a partir de los 14 años las visitas son a demanda de los hijos. El régimen de visitas hijos mayores de edad es pasar al siguiente nivel en las relaciones con nuestros hijos.

Como padres debemos mantener el contacto, llamadas, mensajes de WhatsApp, propuestas de comida, cena o actividades, que sepamos que puedan ser de su interés.

Hay que estar presentes sin agobiar. Son edades en las que ellos van y vienen. Es normal que pasen temporadas con un padre o con otro en función de lo que a ellos les apetezca. Ya no hay horarios fijos.

¿Se puede renunciar a las visitas de un hijo?

¿SE PUEDE RENUNCIAR A LAS VISITAS DE UN HIJO?

De manera legal no. Es un derecho inherente a la condición de padre biológico. Otra cosa diferente es que se deje de llevar a la práctica y que la otra parte no reaccione ante dicha situación. Aun así, no podemos obligar a nadie a que cumpla con las visitas, sobre todo porque quien sufre es el niño, que ve que tiene que estar con su padre o madre y este no aparece.

Hoy por hoy, tras la reforma del 2015, ya no se considera una falta el incumplimiento de las visitas y meterse vía ejecución a tratar de que se cumplan las visitas no consigue resultados a corto plazo. Multas coercitivas o perdida de patria potestad en este tipo de situaciones, no suelen amedrentar la voluntad de aquel progenitor que realmente no quiere ejercer su papel.

¿ES POSIBLE LA SUSPENSION TEMPORAL DEL REGIMEN DE VISITAS?

Sí es posible, aunque para que se admita debe de existir riesgo para la salud o la integridad de los hijos menores, o que se hayan producido delitos contra los propios menores.

Uno de los supuestos por los que se produce la suspensión temporal del régimen de visitas es por la existencia de una orden de alejamiento sobre los menores. Tenemos el ejemplo de un padre que había agredido física y verbalmente a sus hijos, y como consecuencia de sus actuaciones se había establecido como medida de protección una orden de alejamiento que de forma automática suspendía el régimen de visitas.

En el otro caso, que también había agredido física y verbalmente a su hijo, no se denunció por vía penal con la intención de no destruir por completo los lazos de unión con el padre, pero se solicitó vía artículo 158 del código civil la suspensión de las visitas ante la situación de riesgo en la que iba a vivir el menor.

Establecer el régimen de visitas de los abuelos requiere que se cumplan ciertas especialidades

REGIMEN DE VISITAS ABUELOS

Sobre el régimen de visitas de los abuelos tenemos un post en exclusiva en el que damos respuesta a todas las incógnitas que genera ese derecho.

Si quieres saber más te invitamos a que lo leas, aquí te dejamos el enlace:

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Javier González González

Padre, Divorciado y experto apasionado del Área de Familia de Casasempere abogados

Muchas Gracias

PREGUNTAS Y RESPUESTAS

➡️ ¿Qué se tiene en cuenta para fijar un régimen de visitas más o menos amplio?

En principio se tiene en cuenta 5 factores. Te adelantamos dos de ellos (edad de los hijos y disponibilidad horaria del padre). Estos factores determinan que el padre pueda disfrutar de más o menos tiempo con su hijo. Si quieres saber los otros 3 entra en el post y descúbrelos.

➡️ ¿Qué se incluye dentro del régimen de visitas?

Incluye Visitas, Estancias y Comunicaciones con los hijos. SI quieres saber que es cada uno de ellos, entra en el post y descúbrelo con detalle.

➡️ ¿Existe alguna formula para evitar conflictos en las entregas y recogidas de los hijos?

Sí que existe y la experiencia demuestra que es muy efectiva. Se trata de evitar el contacto entre los padres, sobre todo al principio de la ruptura. Si quieres saber cómo aplicarla entra y lee nuestro post.

Soy mujer, tengo 60 años y estoy pensando en divorciarme ¿Me interesa realmente? ¿Acepto la pensión que me ofrece mi marido?

pensión divorcio

¡Pues si esto es realmente así, no me divorcio!, ¿Cómo que después de 43 años de matrimonio y de sacrificar mi vida por el matrimonio sólo me tiene que pagar esa pensión mínima si me divorcio? ¿Pero me correspondía la mitad de su pensión si me divorcio, no?

Estas son las preguntas más frecuentes que las mujeres de más de 60 años que han venido a nuestro despacho nos han hecho tras consultar como sería su situación legal y  económica de llevar adelante su divorcio.

¿Me divorcio o no me divorcio?, ¿Me interesa o no me interesa?

¡Pufff! pues casi mejor callar, seguir aguantando y esperar a cobrar la viudedad. Esta suele ser la respuesta tras saber la realidad de lo que les espera.

Habitualmente son matrimonios construidos a la costumbre de tiempos pasados.

La mujer dedicada a las labores del hogar. Centrada y dedicada al cuidado y atención de los hijos y teniendo como  su objetivo el bienestar familiar. El hombre el centro económico de la familia. Su objetivo hacer horas y horas de trabajo para traer a casa el mayor sustento económico.

Siguiendo el mismo esquema de épocas prehistóricas. El hombre cazador, que traía los alimentos a la cueva-casa y la madre cuidadora que atendía a las crías mientras esperaba su vuelta.

Son realmente situaciones difíciles de ver en los tiempos actuales. Matrimonios en los que se acumulan décadas y décadas juntos. En los que se ha construido un patrimonio familiar común.

¿Pero realmente hay amor o más bien hay años y años de aguantar, de desamor y rechazo?.

Es una auténtica pena comprobar a diario como todavía quedan personas que aguantan una situación insostenible sólo con el objetivo de ver como sus hijos se hacen mayores para que no sufran.

Después de compartir toda una vida juntos y de haber tenido hijos en común, no tienen nada que compartir salvo bienes e hijos.

Ellos ven que han sacrificado su tiempo, que han aguantado una convivencia común que les supera. Sólo con el deseo de que sus hijos alcancen la mayoría de edad y dispongan de ingresos propios que les permitan su subsistencia. !Pobrecitos, que no sufran!.

Y cuando un día despiertan y llega esa meta, se plantean poner fin de forma definitiva a sus matrimonios. Y entonces les asaltan las dudas.

¿Y cómo voy a subsistir?

¿Qué pasa con mi casa? ¿Quién se la queda?

¿Cómo se reparten los bienes que hemos acumulado en estos años? ¿Qué me voy a quedar?

La mayoría suelen ser mujeres sin vida laboral alguna. Que no tienen derecho a percibir pensión de jubilación y cuyo único medio de subsistencia tras su divorcio va a ser aquella cantidad que consigan en concepto de pensión compensatoria.

la pension compensatoria

 

Y de repente tras más de 40 años de esfuerzo común, se encuentran con la siguiente respuesta de sus maridos:

 !La pensión es fruto de mi trabajo, no te voy a dar ni un euro¡

¡Tú quieres divorciarte, pues te apañas!.

Y ellos nos suelen preguntar ¿Cómo, que le tengo que pagar una pensión por el divorcio?

En los dos últimos supuestos de este tipo que hemos atendido en el despacho nos hemos encontrado con matrimonios en los que el hombre se iba a jubilar con una pensión superior a los 2.200 € mensuales, después de años y años de duro trabajo. Y cuando hemos abierto la negociación para tratar de llegar a un acuerdo justo y equitativo en el que planteábamos un reparto del 50 % de todo lo conseguido, nos hemos encontrado con:

Te ofrezco una pensión mensual de 250 a 300 €.

¿De verdad tu aceptarías esa cantidad de ser la situación inversa?

¿Si hubiera sido tu mujer la que hubiera trabajado durante toda la vida, y ahora tu subsistencia dependiera de su voluntad, qué te parecería esta oferta?

Se olvidan que su pensión de jubilación es fruto no sólo de su esfuerzo personal, sino de la dedicación a la casa y al cuidado de los niños por parte de su mujer. Y en muchas ocasiones los bienes existentes en común son fruto de la gran capacidad de gestión de la economía familiar en tiempos no tan boyantes a nivel económico.

Por desgracia subestimamos y despreciamos la dedicación y la gestión que muchas mujeres hacen en beneficio del matrimonio común.

Para nosotros es mucho más fácil de entender porque vivimos situaciones muy diferentes. En la actualidad la gran mayoría de los matrimonios trabajan lo dos, contribuyen mutuamente a sacar adelante sus familias tanto económicamente con sus trabajos como en el reparto de las tareas domésticas.

Es mucho más común ver un reparto equitativo en los matrimonios actuales, aunque reconocemos que en muchas ocasiones la mujer sigue llevando un 60 % o un 70 % de la carga doméstica (comidas, tareas del hogar) y de los niños.

Sin embargo, todavía hoy siguen existiendo esos matrimonios que se mantienen por mera conveniencia. Matrimonios que llevan años durmiendo separados o sin cariño alguno y que tan sólo comparten espacio en su vida.

Han renunciado al amor mutuo y tan sólo reparten roles, tu trabajas fuera y yo trabajo en casa. Tu me traes dinero y yo te tengo la ropa y la comida preparada. Yo me encargo de que los niños no te molesten y tu trabaja para conseguir ese ascenso.

Y al plantearse el divorcio se encuentran ante la cruda realidad.

Salvo aquellos matrimonios en los que existe un alto poder adquisitivo de ingresos, que han sido adquiridos gracias al esfuerzo común, y en los que el reparto de los bienes comunes deja a ambas partes en una situación acomodada y sin problemas de futuro, lo habitual es encontrase con la imposibilidad de acceder al mercado laboral y de generar ingresos mensuales que permitan seguir atendiendo su subsistencia, debido a la edad avanzada, la falta de experiencia o la falta de cualificación laboral.

Si quieres saber más sobre los requisitos de la pensión compensatoria te recomendamos que leas post https://casasempereabogados.com/claves-para-entender-la-pension-compensatoria/, en el que explicamos con detalle todos sus requisitos.

Y ante el descrédito al honor personal que suele provocar encontrase a estas edades con una demanda de divorcio ante el grupo de amistades de toda la vida, se destapa el egoismo personal de aquel con el que se ha compartido toda una vida, que de repente es incapaz de comprender que esa pensión de jubilación que ahora va a disfrutar es fruto del esfuerzo común y de la libertad de horarios que, gracias al esfuerzo de su mujer, ha podido destinar a horas y horas a su trabajo.

Muchas ocasiones nos encontramos matrimonios con una única vivienda familiar ya pagada, unos pocos ahorros y coches viejos. Un hombre que se niega en rotundo a salir de su vivienda sólo por despecho y una total negativa a repartir de forma equitativa todos los bienes comunes.

Décadas a la sombra de sus maridos, atrapadas por una vida de “apariencia” frente a amistades, familia y sociedad, cuando la mujer quiere liderar su vida y ser las protagonista de su película, se encuentran con el yugo económico de haber vivido años y años sin disponer de su propia libertad económica.

Y además cuando quieren acudir al auxilio judicial, se encuentran que los jueces imponen pensiones mínimas con las que en realidad no pueden subsistir.

Es muy frecuente encontrar sentencias en las que se imponen pensiones compensatorias de  entre 350 a 500 €, en función de los recursos económicos del marido, pero realmente mínimas en comparación a los ingresos que se quedan éstos gracias al esfuerzo común. Y todo por el simple hecho de ser fruto de su esfuerzo y trabajo personal.

Olvidan los jueces y olvidan los maridos que esa pensión en estos matrimonios ha sido fruto del esfuerzo común de ambos. Que ese hombre dedicaba horas y horas en su trabajo pero que muchas más dedicaba la mujer para suplir su ausencia delante de su familia. Olvidan todos que debido a esa exclusiva dedicación a su familia no ha podido desarrollar su faceta laboral, y que esa amorosa renuncia le ha impedido disponer ahora de los mínimos recursos que le permitiera acceder a una pensión de jubilación que le  complemente esa mínima pensión.

Con todo ello, profundizando mucho más, quizá la verdadera pregunta a contestar debería ser:

¿Cuál ha sido la verdadera causa de mi infelicidad?

Piensan que la causa de su infelicidad es el rencor y el desprecio acumulado de años y años de aguantar una relación que de no haber existido hijos en común hubieran abandonado hace décadas.

¿De verdad esta es la causa de su infelicidad?

En una master class con Laín García Calvo en el Master de Desarrollo Personal del Instituto de Pensamiento Positivo, contó que en una de sus ediciones del intensivo “Vuelvete Imparable” le preguntó a una mujer que asistía junto con su marido:

¿Señora, su marido le hace feliz?  

Esta contestó con un rotundo NO, lo que provocó un gesto de sorpresa y enfado de su marido.

Y antes de que su marido pudiera abrir la boca, matizó:

Yo no necesitó a mi marido para ser feliz, yo soy feliz por mí misma. Y al ser feliz yo, disfruto felizmente con mi marido.

Tendemos a creer que la relación actual que vivimos no funciona por la otra parte. Solemos evitar la responsabilidad propia y tendemos a buscar en la pareja aquello de lo que realmente más carecemos personalmente.

No nos damos cuenta que nuestra pareja es como un espejo que refleja nuestras más íntimas carencias. Todos los defectos que destacamos en el otro, son en realidad aquellos defectos y carencias que debemos trabajar en nosotros mismos.

 

Y que la vida nos pone delante a nuestras parejas para que podamos ser conscientes de nuestras carencias y juntos poder trabajarlas. Olvidamos que esa pareja es el mejor regalo que nos ha dado la vida para templarnos.

Sin ninguna duda el mejor consejo a una pareja que empieza a disipar los efectos de amor, que empieza a estar a disgusto y a apreciar los defectos del otro es que para encontrar el verdadero amor, primero hay que aprender a amar, hay que aprender a dar amor para poder recibirlo. Y para ello, lo primero es amarse a uno mismo.

Ante una situación como está, ¿Tú qué harías?, ¿te divorciarías o seguirías aguantando otra década más?

Padres divorciados. Prisioneros del rencor y el conflicto

abogados divorcio

¡Eres mal padre! ¡Eres mala madre!.

Este es el calificativo más frecuente que se regalan los padres recién divorciados.

Este, y otros muchos más.

¡El único culpable de toda esta situación eres tú! ¡Eso es mentira! Pero ¿Cómo puedes ser tan cínico? ¿Cómo tienes la cara de decir todas esas barbaridades sabiendo que no son verdad?

Padres enfadados, encolerizados por la rabia, desgañitándose culpabilizando a las madres porque les han impedido ver a sus hijos.

Madres llorando desconsoladas, rotas de dolor e impotencia porque consideran que todo lo que oyen saliendo de la boca de los padres es mentira.

Denuncias cruzadas por las situaciones más absurdas, la maquinaria de la justicia en marcha y miles de euros gastados en trámites que de haber podido mantener  la tranquilidad, la calma y la cordura hubiera sido posible solucionar tomando un café.

Si todos los padres que inician un proceso de divorcio mantuvieran el foco en buscar el interés común de sus hijos y pudieran mantener la calma, acabaríamos con los duros enfrentamientos en los juzgados.

¿De verdad crees que el mejor camino para tener una futura relación cordial como padres es denunciar a tu ex pareja?

Absurdas situaciones de enfrentamiento con malas caras, reproches y un constante pensamiento en la mente de ambos. Buff!!! ¿Cómo he podido estar tan ciego/a y he podido vivir todos estos años con esa persona?

En  nuestro papel de abogados nos toca escuchar y creer en la versión de los hechos de nuestro cliente. Los años de experiencia a las espaldas nos ayudan a poner en cuarentena determinados comentarios y hechos que llegan a nuestros oídos. Somos conscientes de que cada una de las partes tiene y ha vivido su verdad, y al escuchar ambas versiones es como si cada uno hubiera vivido una historia completamente diferente. Y muchas veces nos preguntamos, ¿cuál es la realidad de lo vivido en común?

Ese es el duro papel de los jueces, fiscales y abogados. Aunque en muchas ocasiones la justicia parece ciega ante los sentimientos de las personas, en ocasiones vivimos episodios de humanidad en los que las actuaciones de los propios padres parecen las más insensibles y absurdas hasta a los ojos insensibles acostumbrados de la justicia.

Esta semana hemos tenido la oportunidad de participar en nuestro papel de abogados en defensa de una madre denunciada por su ex marido por un supuesto delito de revelación de secretos. Acusada de haber accedido a los mails y el WhatsApp de su ex marido y de descubrir una supuesta relación amorosa con una tercera persona, que ha desembocado en el divorcio y en una lucha en el juzgado por la custodia de las hijas menores.

El dolor de la madre ante la supuesta traición reiterada a su amor y confianza. El dolor del padre ante la supuesta acusación falsa por hechos que el niega ser verdad, hacen que ambos dirigidos por el dolor terminen entrando en un bucle de denuncias  por los hechos más extravagantes.

Hemos podido tener el privilegio de asistir a un intento de conciliación en el conflicto que ambas partes vivían, animado al entendimiento por parte del Fiscal y la Jueza. Ha sido esperanzador ver como siguen existiendo personas de corazón tras esas togas negras y casi siempre semblantes serios. Ha sido un precioso gesto ver como al margen de su función trataban desde su autoridad poner cordura en una situación carente de toda lógica a los ojos de todas las partes intervinientes menos a los ojos dolidos de los propios padres enfrentados.

Unos padres que han olvidado que una vez se amaron, y que fruto de ese amor tienen  dos hijas menores en común y que por desgracia, ahora viven sumidas en el dolor de la ruptura.

Antes de entrar a declarar, hablando en el pasillo con la clienta, le preguntamos en privado sobre si su ex pareja era buen padre. Su respuesta fue un inmediato «no es mal padre, tan solo no está acostumbrado a ejercer ese papel».

Como sucede muy a menudo, por desgracia se suele confundir no haber tenido un papel activo con no querer. Y se quiere creer que no va a saber.

Nadie hasta este momento ha sabido explicar a esta madre preocupada que no es necesario cronometrar al milímetro el tiempo de visitas. Que no pasa nada malo porque el padre esté más tiempo del estrictamente estipulado en el acuerdo con sus hijas. Que no hay nada malo en saltarse las visitas programadas y ajustarlas en otro tiempo en el que padre e hijas puedan compartir espacio.

Si lo que de verdad quieres en el futuro es que tus hijas sigan teniendo un padre como se merecen y se acostumbren lo más pronto posible a pasar tiempo con él, lo mejor que puedes hacer es favorecer ese tiempo.

Y a la vez, nadie le ha dicho a ese padre que si debido a sus actos ha perdido la confianza de su ex, ahora todo cuanto haga o diga va cargado con un plus de desconfianza. Debe ser paciente y debe volver a ganarse la confianza perdida. Y, sobre todo, por el bienestar de sus hijas, debe evitar criticarla y entrar en descalificaciones mutuas.

En fin, lo que siempre decimos. El conflicto sólo atrae más conflicto.

Cuando nos llegan situaciones como estas, siempre viene a nuestra memoria el recuerdo de un cliente que apareció en nuestro despacho portando una gran maleta de viaje. Cuando llegó al despacho, pensamos que tras la visita tenía que irse de viaje. Cuando le preguntamos por la maleta, la posó sobre la mesa del despacho, la abrió y sacó todas las denuncias que acumulaba a lo largo del primer año tras su divorcio.

Era el típico padre sumido en el dolor que ante la más mínima oposición, lo entendía como una provocación y lo arreglaba con una demanda o denuncia. No sólo mantenía el conflicto en la vía civil, con su demanda de divorcio sino que su enfrentamiento se había trasladado incluso a la vía penal. Su vida era el odio, el conflicto y la guerra, y lo único que atraía era más conflicto.

Muchos abogados de divorcios se habrían frotado las manos pensando en la cantidad de miles de euros en procedimientos, pero la verdadera realidad es que en lo único que pudimos pensar es en ayudarle. No en ayudarle a ganar los numerosos juicios que traía, sino ayudarle a salir del conflicto en su vida. Es una auténtica pena acabar entre un mar de denuncias con la que es el padre o la madre de tus hijos.

Fue necesario un año entero de saber escuchar, hacer razonar y tratar de imponer cordura. Horas y horas de conversaciones en las que pudimos poco a poco hacerle entender que debía cambiar la forma de ver todo lo que vivía. Donde el veía provocación, nosotros veíamos falta de entendimiento y un dolor muy reciente.

Hemos tenido que escuchar más de una vez a algún que otro compañero decirnos:

¡Nosotros somos abogados no psicólogos!

Ante ello, lo que siempre nos gusta contestar es lo siguiente: Ante todo somos personas. La diferencia, querido compañero, es que en Casasempere abogados hemos vivido en persona un proceso de divorcio verdaderamente conflictivo, y hemos caído en estos mismos errores, por lo que nosotros sabemos en lo que hemos fallado. Hemos vivido durante años en esa guerra y somos conscientes que no es el camino. Sabemos que el resultado de tanta guerra es distanciamiento, rencor, dolor, odio, etc… Somos conscientes de lo que está fallando y es una pena ver que van a arruinar su futura relación como padres.

El paso del tiempo y tener como único objetivo común querer lo mejor para los hijos es la mejor guía para pasar página.

Que la más mínima conversación termine con ambos alterados, perdiendo los papeles y gritando reproches hace que se viva denuncia tras denuncia. Que se llegue a pedir pena de prisión para el padre o la madre de tus hijos es lo más triste a lo que se puede llegar tras haber vivido una relación de amor.

Y sin ninguna duda, uno de los papeles más complicados de los abogados de divorcio y de todos los abogados en general es mantener la imparcialidad. No contaminarse por un deseo de querer ganar, y ayudar al cliente, a toda costa y por encima de todo. La pasión, el deseo de ayudar y creer como única verdad lo que nuestros clientes nos cuentan, hace que en muchas ocasiones nos ceguemos a la verdadera realidad de lo ocurrido.

Pasamos horas, meses e incluso años junto a nuestros clientes, escuchamos sus más íntimas confesiones de lo que ha sido su vida. Bueno, más bien su percepción de lo que ha sido. Porque cuando esos hechos se ponen en común con lo vivido por la otra parte en las declaraciones de los juzgados, se descubre que algo no termina de encajar. ¿Quién está contando la verdad?

En muchas ocasiones las personas responsabilizan a la justicia (jueces, fiscales, abogados…) del resultado de las sentencias de divorcio. Golpes en el pecho gritando la injusticia de la ley por no atender sus concretas peticiones. ¡No me han querido dar la razón! ¡Que injusticia!

Pero no se dan cuenta de que la gran RESPONSABILIDAD es personal y propia.

 

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Durante el primer año tras la ruptura de pareja lo más habitual es vivir cegado en el rencor, el odio y el dolor. ¿Dónde quedó el amor? ¿Cómo es tan fácil olvidar que una vez  hubo amor y que ese amor dio como fruto a unos maravillosos hijos?

Es mucho más fácil culpabilizar al otro que empezar a responsabilizarse. Echar balones fuera que asumir la propia responsabilidad personal. A nosotros nos gusta preguntar:

¿Qué has hecho tú para llegar a este resultado? ¿Qué estás haciendo para continuar en este conflicto?

Lo vemos a diario. A la pregunta ¿No te das cuenta de que vives en el dolor?, la respuesta es, ¡Yo no!, es él o ella que no quiere darse cuenta y no quiere negociar conmigo. Sólo me odia y me desea lo peor. Siempre la mirada puesta en el otro y no en mí.

Y todo se complica si, además, los profesionales que se suponen que deben imponer cordura y ser imparciales y objetivos, se mimetizan con su cliente y se dejan contaminar hasta el extremo por la percepción de la realidad de su cliente.

Así lo pudimos vivir una vez más esta semana con el abogado de la otra parte, el marido. A la pregunta dirigida por su señoría a nuestro cliente «¿Usted ya conocía antes al letrado, verdad»?, y la tímida respuesta “Sí, es amigo íntimo de mi ex marido”, la jueza asintió como queriendo decir ahora lo entiendo todo.

Salió ese ánimo en querer tener la razón por encima de todo. Esa falta de querer conciliar. Este no es el camino, aunque entendemos que ese abogado, el compañero, lo hizo lo mejor que supo.

El mejor favor que le podemos hacer a nuestros clientes como abogados de divorcios es abrirles los ojos a la realidad. Por el bien de sus hijos es mejor decirles donde se están equivocando. Que van a conseguir al querer continuar por ese camino erróneo.

Todos debemos conocer y asumir nuestra responsabilidad en el resultado al que hemos llegado y, por el bien de los hijos, lo mejor es empezar a dar pasos para tratar de salvar la futura relación de padres.

No hace falta ser amigos. No hace falta llevarse bien. Simplemente hay que ser padres. Y acudir a un juzgado denunciando al otro es el peor medio para mantener la cordialidad.

Si eres padre o madre y tienes continuos problemas con tu ex pareja, antes de denunciarle, te pedimos por favor que te pares y te preguntes

 ¿Este es el mejor camino para el bienestar de mis hijos?

Cuéntanos qué experiencia has vivido tú en el juzgado. Qué te conmovió por dentro y te demostró que detrás de los jueces, los fiscales y los abogados hay personas con un enorme corazón.

Perdona y libérate de tu proceso de divorcio. Vive en paz

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Me es imposible perdonar. Si perdonara yo saldría perdiendo. El 100 % de la culpa de que yo me sienta herido es suya, yo no tengo ninguna responsabilidad. Tiene que pagar por lo que ha hecho. Si quiero protegerme para que no me vuelvan a herir, no puedo perdonar.

Estos son muchas de las justificaciones que vienen a nuestra mente cuando nos   sentimos heridos. Arrastramos dolor y sufrimiento por ofensas vividas con padres, hermanos, familiares, parejas, hijos…

Hay personas que se pasan toda una vida sin volver a hablarse.

¿Cómo prefieres vivir cada minuto de tu vida? ¿desde la paz y la tranquilidad o desde el reproche, el odio y el dolor permanente?

¿Qué prefieres tener razón o ser feliz?

Nos empeñamos en pensar que si perdonamos perdemos y no nos damos cuenta de que ya hemos perdido. Y que al no perdonarnos seguimos perdiendo.

Uno de los principales deseos de toda persona en su vida es vivir en PAZ.

¿Vives en PAZ o arrastras sufrimiento pasado en tus espaldas?

En la ruptura de pareja o durante el proceso de divorcio el sentimiento de dolor que experimentas se multiplica en tu mente,  si hay hijos menores comunes al dolor de sentirse herido se le suma el dolor como padres.

Te sientes herido por la persona a la que amabas. Aquella persona que se supone que debía protegerte, cuidarte, amarte y respetarte. Te sientes traicionado y muy decepcionado.

Nos empeñamos en vivir la vida desde el dolor.

Nos encanta acumular el peso del sufrimiento a nuestras espaldas. Nos encanta cargar pesadas mochilas repletas de dolor emocional.

En ningún momento nos paramos a pensar que podemos liberar esas cargas que arrastramos y que podemos vivir en paz.

Para caminar en la vida no hace falta arrastrar sufrimiento.  Sólo hay que querer perdonar para poder vivir en paz.

Si en el pasado resultamos heridos en la relación con alguien sólo tenemos dos caminos. Perdonar o no perdonar

No perdonar, significa que queremos quedar anclados en el pasado y que aceptamos eliminar de nuestra vida la posibilidad de alcanzar la paz. Elegimos sufrimiento.

Si perdonamos, tanto nuestro cuerpo como nuestro interior se calma y nos liberamos de ese peso del pasado. Conseguimos paz y libertad de espíritu. Perdonar significa que nos liberamos del pasado que nos ata, dejamos de hacer reproches y escogemos la calma de vivir en el momento presente.

¿Estarías dispuesto a perdonar a tu ex aunque sea sólo por el deseo de vivir en paz?

Hay que comprender que en nuestras relaciones a veces nos hieren y debemos aceptarlo. Primero tenemos que conseguir perdonarnos a nosotros mismos, aceptar que nos han herido. Perdonarnos por ese dolor y después perdonar a los demás.

Perdonar a alguien en contra de lo que se piensa es un acto sólo para ti mismo no para nadie más. Es un proceso interior que hace que tu vida sea mucho mejor.

Al perdonar te sientes purificado, renovado, ligero

Si algo cuesta a las personas que viven un proceso de divorcio con hijos menores es perdonar.

Y lo sabemos por experiencia propia. En el caso de nuestro compañero Javier, el dolor acumulado durante décadas de reproches, guerras y conflictos hacía que el solo hecho de tener que asistir junto a la madre de sus hijos a actos cotidianos como padres, como pueden ser una reunión escolar o a una revisión médica, le tensara todo su ser y ese día no estuviera para nada de humor. Se volvía mucho más susceptible y tenso con todos aquellos con los que se cruzaba. Dejaba de ser él, su brillo habitual quedaba oscurecido por un velo de sufrimiento y tensión.

Aunque Javier se trabajaba a nivel interior y leía libros de desarrollo personal que trataban las virtudes del perdón, el dolor sufrido se había agarrado bien a su ser y se negaba a soltarlo. Para su ego era mucho mejor tener ese dolor como aliado.

Pero cuando uno desea de corazón vivir desde el amor, desea alcanzar la paz y la tranquilidad en su vida, no se deja dominar por el sufrimiento pasado. Sigue aprendiendo, sigue estudiando y buscando.

Y entonces, una simple lectura, un audio libro, una charla, un comentario o releer un libro, hace que en un momento dado en tu mente salte un “click”, sin saber como entiendes, comprendes o de repente ves claro algo que antes ni advertías.

En su caso, escuchar en IVOOX el audio libro La Ley del espejo de de Yoshinori Goruchi le hizo crecer.

Le hizo entender una tarde de domingo el por qué de su dolor. A pesar de que creía que había perdonado, se dio cuenta de que en contra de lo que pensaba todavía había escogiendo no perdonar. Y arrastraba a sus espaldas el sufrimiento acumulado de más de 10 años de reproches, conflicto y dolor vivido.

8 pasos para liberar tu vida

Al oír ese audio lloró. Comprendió por qué seguía sintiendo dolor en su vida y decidió aplicar los 8 pasos para conseguir liberar su vida. Aprendió a perdonar:

PASO 1.- Haz una lista con aquellas personas a las que no puedes perdonar y que piensas que te sentirías mejor si consiguieras perdonarlas.

Como hemos dicho al principio de este post, arrastramos dolor y sufrimiento por heridas con nuestros padres, hermanos, hijos, amigos, parejas….etc.

Pues es el momento de hacer colada emocional. Es el momento de limpiar nuestra mochila emocional de toda aquella carga innecesaria. Toca perdonar todo lo que no nos ayuda a crecer y liberar nuestras vidas.

PASO 2.-Coge unas hojas de papel y expresa tus sentimientos hacía aquella persona que has escogido perdonar de tu lista.

Escribe los sentimientos que tenías en esos momentos.

Déjate llevar. Quizá lo que sale no es agradable. Quizá te apetece poner que es un imbécil, un desagradecido, que te sientes triste, decepcionado…

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Escribe tal y como lo sientes, no es necesario que te controles y si sientes ganas de llorar, hazlo. No te reprimas. Estamos liberando el lastre que llevas acumulado durante años.

Cuando sientas que has escrito suficiente, para. Rompe la hoja y tíralo a la papelera.

PASO 3.- Ahora imagina y escribe los motivos por los que tu crees que aquella persona actuó de esa manera.

Debes saber en este punto que en esta vida las dos principales motivaciones son  2:

1.-Sentir placer

2.- Evitar dolor

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No juzgues, sólo intenta comprender. Todos hacemos actos por inmadurez, debilidad o torpeza. Debemos comprender que en cada momento cada uno hizo lo mejor que sabía hacer con las habilidades que disponía.

Y debes decirte, al igual que yo lo puedo desear o lo quería evitar, él o ella también deseaba sentir placer o evitar ese dolor.

PASO 4.- Escribe aquello que puedes agradecer a aquella persona.

Escribe tanto como puedas. Intenta recordar lo máximo posible.

Por pequeño que sea seguro que hay alguna cosa que puedes agradecer.

En el caso de nuestro compañero Javier, a él le ayudó agradecer que a pesar de todo el dolor que tenía hacia su ex pareja, gracias a ella, existían sus dos maravillosos hijos. Que gracias a su relación ahora podía amar a sus hijos.

PASO 5.- Utilice la fuerza de las palabras.

Dígase “para mi propia felicidad, calma y tranquilidad perdono a ….”

No hace falta que lo sientas, basta con simularlo. En esta vida primero se hace o se disimula para que después se manifieste y se haga realidad.

Debes repetirlo mínimo durante 10 minutos. Si es más tiempo mucho mejor.

Y si quieres hacerlo de sobresaliente, puedes sentarte directamente con aquellas personas a las que quieres perdonar y hacer estos pasos.

Si tras expresar tu perdón no lo aceptan, esa es una cuestión suya. Por haber perdonado tú dejas de ser la víctima y vuelves a ser el principal responsable de tu vida.

PASO 6.- Escribe aquello de lo que quieres disculparte.

Quizás tú lo tienes grabado a fuego en tu mente, pero la persona a la que vas a pedir perdón puede no haber ni sabido que te había ofendido. Explícale con detalle qué fue lo que ocurrió.

PASO 7.- Escribe lo que has aprendido gracias a la relación con aquella persona.

Agradece el haberos conocido. Todos aprendemos algo de las personas con las que nos relacionamos, con las que coincidimos en el camino de la vida.

PASO 8.- Declara te perdono. Perdono a…

La palabra es la manifestación de nuestros pensamientos. Al decirlo lo haces realidad. Al declarar en voz alta que le perdonas lo estás manifestando de verdad.

Y Si tras hacerlo sigues sintiendo que no lo puedes perdonar vuelve a repetir durante otros 10 minutos el decirlo en voz alta. Sigue simulando tu perdón hasta que lo sientas. Hasta que sientas como el peso que hasta hoy cargabas a tus espaldas empieza a liberarse.

Nuestro compañero siguió todos y cada uno de estos pasos y te aseguro que esa misma tarde se sintió liberado. El peso que arrastraba a sus espaldas pareció aligerar de forma extraordinaria.

Se dejó llevar, lloró como un niño, sacó todo lo que llevaba dentro de su mochila emocional y experimentó en su ser una paz y una tranquilidad como nunca antes había sentido.

Y tú,

¿piensas seguir arrastrando el peso de tu pasado o piensas empezar a perdonar?

Escoge DOLOR o PAZ. De ti depende

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Cómo transformar tu divorcio de conflicto y sufrimiento en un divorcio de amor y paz

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¡Me divorcio! Lo tengo decidido. Ya no aguanto más. Estas son algunas de las muchas afirmaciones que salen de tu boca cuando la relación de la pareja se va rompiendo y toca a su fin. Estas y otras muchas más directas: ¡Ya está bien de que me haga la vida imposible!, ¡No hay derecho lo que me ha hecho!, ¡Yo no me merezco esto!

Las personas cuando elegimos algo en la vida tenemos dos opciones. Elegir desde el amor o elegir desde el miedo. En un divorcio no es diferente. Elegimos desde el amor o desde el temor. Más que desde el temor, desde el odio y el conflicto.

Cuando una pareja o matrimonio decide divorciarse rara vez lo hace desde la madurez y aceptación de que ha sido una etapa maravillosa en sus vidas, de la cual están agradecidos, y ahora ha llegado el momento de pasar a otra nueva. Normalmente detrás de esa decisión de divorcio hay dolor, reproches y resentimiento. Hay si cabe aún más de todo ello que en la época del matrimonio en la que surgieron todas las diferencias que ocasionaron la ruptura. Esa situación de enfrentamiento ya viene desde lejos, porque si en ese momento no se hubiera pensado desde el conflicto y el temor sino desde el amor, muy probablemente no se habría llegado al divorcio.

Sin embargo, lo cierto es que la práctica totalidad de los matrimonios que se acercan a su fin, vienen ya desgastados por un continuo cúmulo de diferencias llevadas al extremo en forma de discusiones y guerras. Y esas discusiones continúan cuando a través del divorcio quieren regular su vida futura.

Continuar después del divorcio

Es curioso como la mayoría de los matrimonios que quieren divorciarse lo hacen por querer una vida nueva sin la pareja que tienen al lado y sin embargo luego se dedican toda esa nueva vida dependiendo de ella y pendientes de hacerle la vida imposible.

Quieres divorciarte porque la relación está muy desgastada, no quieres continuar con tu pareja y decides empezar de nuevo, y en vez de eso no solo no empiezas, sino que continúas a partir del divorcio. Y continuas y continuas, ahora desde la lejanía, pero insistiendo con esa relación tormentosa de odio hacia tu pareja en forma de juicios, denuncias y decisiones, pensadas en el día a día más en hacer daño a tu ex que en crecer tú como persona.

Y si a eso le unimos el hecho que hay hijos menores en común la cosa se complica aún más. Mejor dicho, la complican los padres aún más. Son muchos los casos en que se sirven de esos hijos para hacer más agresivo y conflictivo ese divorcio, ya que los utilizan como arma arrojadiza contra su ex pareja y padre o madre de ellos.

Cuando una pareja o matrimonio decide divorciarse rara vez lo hace desde la madurez y aceptación de que ha sido una etapa maravillosa en sus vidas, de la cual están agradecidos, y ahora ha llegado el momento de pasar a otra nueva

Nuestra vida es como una mochila, es tu decisión llevar el equipaje justo y necesario para cada etapa de tu vida, dejando fuera todo aquello que ya pasó, o arrastrar un peso cada vez mayor porque somos incapaces de sacar de ella todo aquello que ya no es necesario.

Si tu objetivo es cerrar esta etapa de tu vida, no tiene sentido que sigas almacenando en la  mochila los conflictos del pasado y que además la llenes con nuevos conflictos como demandas y  procesos judiciales.

¿Si has decidido poner fin a tu relación porque sigues planteando nuevos procesos judiciales que te obligan a seguir unidos?

En estas situaciones queda muy evidente  que las personas están decidiendo en todo momento desde el temor, odio y conflicto más que desde el amor. Desde el odio de culpabilizar a su pareja por todos los males del matrimonio más que desde el amor de responsabilizarse uno mismo del fracaso de la relación y aprender de ese fracaso. Desde el odio de intentar hacerle la vida imposible a su ex, con hijos comunes de por medio, más que desde el amor de empezar una nueva etapa y hacerle más fácil la vida a tu ex como padre o madre que es de tus hijos. Desde el odio de hacer con tus hijos siempre cualquier cosa dependiendo de lo que le pueda afectar o perjudicar a su ex, a su otro padre más que desde el amor de hacer con tus hijos siempre cualquier cosa pensando única y exclusivamente en su propio beneficio y por lo tanto en la felicidad tuya y de tu ex como padre o madre que es de ellos.

Y lo que es peor. Ese odio a lo único que te acerca es al sufrimiento, alejándote del amor y de la vida que deseas y siempre soñabas. Porque no se pueden dar las dos cosas. O hay amor o hay miedo, odio y sufrimiento.

Llegados a esta situación, ¿No crees que debe de haber otra manera de vivir?

Consejos para afrontar el divorcio desde el amor y no desde el odio

En Casasempere abogados te animamos a que siempre elijas desde el amor y  desde la cordura, ya sea en tu relación, ya sea decidiendo ponerle fin con el divorcio. Por eso, a continuación te damos algunos consejos que a nosotros nos han servido en la vida, sobretodo en momentos desafiantes como un problema o divorcio, para que empieces esta nueva etapa desde el amor y abandones todo lo que te lleve al miedo, rencor y sufrimiento:

  1. Empieza a cambiar tú y tu forma de pensar

 Nosotros creemos que lo primero que tienes que hacer para poder vivir una vida de amor es cambiar tú y tu manera de pensar. Todo lo que sucede en el mundo que ves, en el mundo exterior es un reflejo que lo que tú ves en el mundo interior. De lo que tú piensas.

Si tú quieres un mundo mejor, tú tienes que ser mejor

Si tú quieres un mundo de amor tú tienes que pensar en amor. Cualquier decisión de tu vida tiene que estar rodeada de amor. También las que afectan a tu relación con tu ex pareja y seguro madre o padre de tus niños.

Si tú quieres la felicidad de tus hijos tú tienes que pensar, decidir y actuar acorde única y exclusivamente a esa felicidad tuya y de tus hijos, felicidad que solo existirá si esa felicidad abarca también la felicidad de tu ex pareja como madre o padre que es de esos hijos.

Si no das amor es imposible recibir amor y para dar nunca hay que esperar a recibir.  Si recibes odio, debes responder con más amor, porque sólo cuando primero das amor entonces podrá empezar a recibir amor en todo lo que haces.

Una de las reglas universales de esta vida es dar para recibir, no pienses en recibir para primero dar, simplemente da amor sin esperar a recibir.

Quítale el micrófono y el protagonismo a esa vocecita que continuamente te habla llamada ego. Dale las gracias, dile que ya no la necesitas y enfócate en todo lo bueno que te queda por vivir.  

  1. Perdónate a ti mismo y quiérete más

El divorcio suele ser un momento en el que, con independencia a como lo afrontes, no faltan reproches a uno mismo por todo. Uno también se culpabiliza por todo por haber llegado a esa situación. Que si ha destrozado su vida y la de sus hijos, que si ya no va a volver a encontrar ni a vivir el amor, que si soy un desastre. En definitiva, que cómo he llegado a esta situación.

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Aléjate de esos pensamientos. Sácalos de tu cabeza. No te crucifiques. Piensa que tú en todo momento has hecho lo mejor que sabías hacerlo y que si todo ello te ha llevado a esta situación es porque era lo que más te convenía para tu vida y felicidad. Míralo todo como a continuación te mostramos y empieza a vivir una vida más desde el ser que desde el tener.

Plántale cara a tu voz interior, aquella que te pide que desenvaines la espada de guerra. Aquella que te dice: ¡Pero no piensas responder!, ¡Se está burlando de ti!, ¡De verdad piensas ceder una vez más! Quítale el poder a ese sentimiento interior que te domina de odio, rabia, rencor. Eres mucho más fuerte y demuestras mucho más coraje y valor si controlas tu mente y te enfocas en ver todo desde el amor.

Ese odio a lo único que te acerca es al sufrimiento, alejándote del amor y de la vida que deseas y siempre soñabas.

Hasta que no dejes de vivir en el conflicto y empieces a enfocar tu vida desde el amor, jamás podrás vivir con esa paz y tranquilidad que deseas. Si tu cuerpo lo recorre un sentimiento de venganza sólo vas a conseguir conflicto en tu vida.

Nos preguntan muchas veces, ¿Es que esta guerra no va a terminar nunca?

No mientras tu no empieces a responder a los ataques con amor.

No mientras sigas sintiendo odio y rencor cada vez que intercambias unas palabras.

No mientras no decidas dejar ir ese sentimiento de dolor.

De ti depende.

  1. Acepta la situación y elige el camino del aprendizaje

Hasta aquí has llegado. La palabra divorcio aparece en tu vida. Y ahora tienes dos opciones. Mirarlo desde el reproche, la culpabilidad o mirarlo desde la aceptación y el aprendizaje. Nosotros en el despacho nos recordamos muy a menudo que:

 Todo lo que sucede conviene

Míralo así tú también. Has llegado a esta situación y gracias a lo vivido has sacado un grandísimo aprendizaje que te ha hecho crecer muchísimo y que es el inicio de una vida maravillosa. Detrás de estos desafíos y aprendizajes hay una vida de bendiciones.

Enfócate más en todas las cosas maravillosas que tienes en esta vida, y en lo mucho y bueno que te queda por disfrutar, más que en lo que no tienes o te falta. Vive la vida desde la oportunidad y responsabilidad y no desde la tragedia y el victimismo.

  1. Perdona a todo el mundo y agradece

Conseguir perdonar de verdad, sentir recorrer el dolor en su máxima intensidad por todos los poros de tu cuerpo, y dejarlo ir definitivamente es, sin ninguna duda, lo más complicado.

Es complicado aprender a perdonar. Es tal el volumen de odio, rencor y reproche acumulado durante estos años en tu mochila emocional que andar supone para ti un enorme desgaste emocional. El problema es que hasta que no consigas perdonar y liberar tu ser no vas a poder avanzar.

Mientras siga existiendo un rescoldo de odio, rencor y dolor, la vida te seguirá dando la oportunidad de aprender a perdonar. Y para ello, te pondrá una y otra vez ante el mismo   o similar suceso, porque la vida no deja de ser un taller de amor en el que cada día tienes una nueva oportunidad de aprender desde la única fuente posible. El amor.

Perdonar supone poder ponerte delante y que tus pulsaciones no se aceleren,  que tu único deseo no sea alejarte rápido. Que lo que más te gustaría no fuera gritarle todos los reproches que llegan a tu mente.

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Para perdonar es necesario agradecer. Agradecer todas aquellas cosas buenas que hace en favor de tus hijos. Agradecer todo lo bueno que ambos dais a vuestros hijos.

El mejor hábito diario para evitar acumular energía negativa es perdonarse, perdonar y agradecer.

Y tú, ¿Qué tienes que agradecer hoy? Y ¿A quién tienes que agradecer algo hoy? ¿Qué pasos de los vistos vas a poner ya en marcha?

Nosotros decidimos vivir desde el amor, ¿Y tú?

pasos en tu divorcio

Ante tu divorcio ¿Prefieres ser feliz o tener razón? ¿el aprendizaje o el rencor? ¿el amor o el odio?

Sientes las mariposas en tu estómago. Los ojos te brillan de amor. Suspiras con sólo pensar cualquier momento vivido a su lado. Se te dibuja una sonrisa con sólo notar su presencia. Ni te planteas que el amor pueda llegar a terminar.

Llega el momento. Recorres con nervios el pasillo hasta el “sí quiero”. Ni tan siquiera imaginas que el fuego de la pasión pueda llegar a apagarse.

Escuchas por primera vez el llanto desgarrado de tu bebé al salir del calor del vientre materno. Le abrazas con amor para protegerlo y consolarlo. Inolvidable. Ni te planteas que pueda llegar un momento en el que llegues a tener que contar los días para poder ver a tu hijo.

Cuando te casas piensas que es para siempre, pero esto no siempre es así. A veces sucede que cupido os deja de lado.

Un divorcio puede ser la puerta hacia una nueva vida que está a punto de empezar. Y esa puerta puede conducirte a dos caminos:

Un camino te puede conducir a seguir en el conflicto

A dar continuidad a todo lo que viviste en la última etapa del matrimonio que te llevó al divorcio. Te puede conducir a un camino repleto de odio, dolor, rabia, celos, envidia…provocados por ser incapaz de asumir que donde una vez hubo amor, ahora no existe como tal, que donde al principio había voluntad de hacerlo todo en común y ser un equipo, ahora se decide terminar y continuar el viaje de la vida de forma separada.

Un camino en el que continúas persiguiendo el tener razón al ser feliz.

En el caso de mi compañero Javier González, vivió el querer tener razón durante años y eso sólo le llevó a un continuo conflicto en el que los niños estaban en el medio de la batalla. Eso le condujo a una alternación en la forma de custodia (custodia exclusiva materna, custodia exclusiva paterna, compartida en sus formas más variadas…etc.) se nos olvidó que era lo mejor para los niños y sólo queríamos tener razón.

Desde su punto de vista él hacía lo mejor para sus hijos y desde el punto de vista de la madre ella también hacía lo mejor para sus hijos, pero en ningún momento se pararon a pensar, que es lo mejor para los niños.

Como ejemplo, el pasar año tras año por innumerables consultas psicológicas ante la rigidez y las dificultades de mi hijo mayor en relacionarse.

Llegué a cuestionar la validez del diagnóstico de Asperger, pensaba que realmente mi hijo estaba totalmente sano y que lo único que necesitaba era normas, hábitos y rutinas, pensaba de verdad que la madre se desentendía de los niños y que para ella su único objetivo era estar bien ella.

Buscaba no justificar sus dificultades con una etiqueta que le permitiera servir de excusa y en la que refugiarse. Pensaba que lo hacía bien, de hecho mucha gente pensaba que el niño era diferente en función de con quien estuviera. La misma persona si veía a mi hijo con la madre decía que era mucho más rígido, inexpresivo, se le acentuaban más los signos del asperger.

Y si lo veía conmigo decía que parecía un niño normal. En mi casa, se le trataba como si no existiera diagnóstico de asperger.

Esto parece insignificante, pero este hecho, el pretender omitir la etiqueta he descubierto que ha supuesto un gran dolor a la madre, porque pensaba que no quería aceptar que su hijo tenía dificultades y veía como rudo por mi parte que no le permitiera al niño ciertos comportamientos lógicos de su condición de asperger.

Mi experiencia vivida me demostraba que si lo trataba sin etiquetas y como un niño más dentro de mi familia, él se comportaba como tal y rebajaba sus rigideces.

Al final, ambos buscábamos el mismo resultado desde perspectivas diferentes, pero en lugar de intentar entender al otro, simplemente queríamos tener razón e imponer al otro nuestro punto de vista.

Otro camino, sin embargo, te puede conducir a un sendero lleno de alegrías y nuevas bendiciones

A una vida de nuevas experiencias y aprendizajes. Puede suponer poner fin a los conflictos, las guerras, las discusiones, las malas caras, los reproches… provocados por  la incomodidad de pretender mantener una relación ya carente de amor. Puede conducir a la aceptación de lo vivido y al decidir empezar de nuevo sin rencores ni reproches.

Lo bueno de esta nueva vida, de estos dos caminos, es que el camino a escoger depende de ti. Sólo, sólo, y solo, depende de ti.

En esta vida hay dos tipos de personas:

Las que viven desde el victimismo

Es decir, aquellas que culpan al exterior de todo lo que les pasa.

Las que todo lo malo lo achacan a la mala suerte, la crisis. Las que en una relación la culpa de todos los males la achaca a la pareja, a los suegros o a los cuñados. Las que siempre tienen en la boca la queja y la crítica, así como el “es que no me entienden” o “la culpa es tuya”. Este tipo de personas es evidente que únicamente tienen en mente como camino a seguir el primero. El del conflicto. El del odio y el miedo.

Todos los que viven un proceso de divorcio se ven afectados de forma emocional y ello termina afectando a su aspecto profesional y personal. Aun no queriendo, te descentras. Vives una montaña rusa de emociones. La vida, tus rutinas, todo lo que conoces y has creado con esfuerzo, se ve amenazado. Todo cambia por completo.

Sin pretenderlo, te encuentras fuera a la fuerza de tu zona de confort y seguridad, y obligado a aceptar nuevamente cosas de tu vida que creías haber superado. Otra vez sin pareja, pero ahora con hijos y preguntándote ¿Quién me va a querer a mi ahora? ¿A mi edad y con hijos, me voy a pasar el resto de mi vida solo?.

En muchas ocasiones, te ves obligado a volver a casa de los padres, aunque sea de forma temporal porque es un momento con muchas incógnitas que debes ir resolviendo paso a paso.

Tu vida estaba organizada para funcionar como un kayak doble en el que los dos ocupantes se sincronizan para avanzar y de repente, en lugar de remar en la misma dirección cada uno rema en un sentido distinto. Tu vida se detiene y parece que no avanzas o das vueltas sin rumbo. Te sientes perdido.

Te dedicas a culpar a tu ex por todo. La señalas como la causante de tu derrumbre personal y profesional.

En lugar de responsabilizarte personalmente prefieres echar las culpas al exterior, para poder seguir colgándome la etiqueta de víctima. Es mucho más fácil ir contando lo mala que ha sido y lo mal que te lo ha hecho pasar. Culpar al exterior de todos mis males,  en lugar de asumir todos los males son porque no has sido capaz de aceptar los cambios en tu vida y no has sido capaz de seguir tu rumbo remando sólo.

Luego está el otro tipo de personas:

Las que viven desde la responsabilidad

Las que entienden que todo pasa por ellas. Las que tienen claro que para que las cosas les vaya mejor, ellos tienen que ser mejores. Las que asumen que todo lo que les sucede, para bien o para mal, ha sido creado por ellos y parte desde ellos.

Son personas que no sacan al exterior lo que ellos mismos han sembrado con sus decisiones y comportamientos. En definitiva, son ese tipo de personas que son los directores de su propia película de la vida.

Son los que en una relación asumen y entienden que todo lo que le ha sucedido, para bien o para mal, ha sido única y exclusivamente, responsabilidad de él. Sólo, sólo y sólo de él.

Este tipo de personas son las que por descontado elegirán el otro camino. El segundo. El camino del amor.

Lo que muchos no piensan es que se debe creer ciegamente en el amor, se debe pensar que no has venido a este mundo para estar sólo y sufrir. Una vez aceptado que tu relación se ha terminado y, que en dicho fin tienes tu responsabilidad, debes empezar a ver en este hecho una segunda oportunidad en la vida para vivir con alegría, amor y felicidad.

Es la forma en la que la vida te da la oportunidad de poder volver a empezar de 0 y conocer a otra persona maravillosa con la que compartir y disfrutar de tu día a día.

Gracias a que lo hiciste mal en tu primer matrimonio, aprendes, y ahora valoras cosas que antes ni apreciabas. Cambias tu forma de ver la vida y mejoras en tu forma de relacionarte, y gracias a eso ahora puedes disfrutar de una mejor vida junto a otra persona.

Todo depende de la perspectiva que quieras que domine tu vida.

En Casasempere abogados solo hay un camino a transitar en esta vida y una forma de entender esa vida. Es el camino del amor y es vivir la vida desde ese amor y desde la responsabilidad CIEN POR CIEN.

Es el camino de ser feliz a tener razón. Es el camino de encauzar legalmente cualquier divorcio desde este enfoque.

¿Y qué es transitar este camino desde el amor y la responsabilidad? ¿cómo se afronta de esta manera un divorcio?

Transitar tu vida y divorcio de esta manera es asumir el 100% de responsabilidad en todo lo que hemos vivido en el matrimonio y nos ha pasado, y que nos ha llevado hasta aquí.

Es entender que tu pareja hizo lo mejor que sabía hacerlo, tanto en ese momento en que decidiste divorciarte, como ahora mismo al tomar algunas decisiones que no entiendes ni comparte. Es aceptar que tú en su lugar hubieras hecho lo mismo.

Es reconocer el divorcio como lo mejor que te podía pasar en ese momento. Es verlo como un aprendizaje más para crecer y ser un poquito mejor como persona, pareja, padre, madre, etc.

Es tener claro que tu pareja quiere a los niños de la misma manera que los quieres tú. Que para él o ella sus hijos son como para ti. Lo mejor que les ha pasado en esta vida.

Es tratar de solucionar cualquier cuestión que afecte al divorcio y a los niños desde el amor, el acuerdo mutuo, la responsabilidad y, sobretodo, el entendimiento de que en un divorcio la relación de pareja se ha acabado pero no la relación padres hijos. Es seguir actuando de manera que para los hijos el padre siga siendo el príncipe y la madre la princesa.

Es ser ejemplo de amor y responsabilidad para ti y tus hijos, y es seguir inspirando a tus hijos con tu ejemplo y compromiso, a que ellos también elijan en un futuro y transiten ese camino maravilloso de amor y responsabilidad.

Es definitiva, es vivir desde el amor y no desde el odio, desde el aprendizaje y no desde rencor. Desde el ser feliz a tener razón. En Casasempere abogados te animamos a que vivas así.

¿Qué camino vas a escoger tú?

¿Qué tipo de persona eliges ser?