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Padres divorciados. Prisioneros del rencor y el conflicto

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¡Eres mal padre! ¡Eres mala madre!.

Este es el calificativo más frecuente que se regalan los padres recién divorciados.

Este, y otros muchos más.

¡El único culpable de toda esta situación eres tú! ¡Eso es mentira! Pero ¿Cómo puedes ser tan cínico? ¿Cómo tienes la cara de decir todas esas barbaridades sabiendo que no son verdad?

Padres enfadados, encolerizados por la rabia, desgañitándose culpabilizando a las madres porque les han impedido ver a sus hijos.

Madres llorando desconsoladas, rotas de dolor e impotencia porque consideran que todo lo que oyen saliendo de la boca de los padres es mentira.

Denuncias cruzadas por las situaciones más absurdas, la maquinaria de la justicia en marcha y miles de euros gastados en trámites que de haber podido mantener  la tranquilidad, la calma y la cordura hubiera sido posible solucionar tomando un café.

Si todos los padres que inician un proceso de divorcio mantuvieran el foco en buscar el interés común de sus hijos y pudieran mantener la calma, acabaríamos con los duros enfrentamientos en los juzgados.

¿De verdad crees que el mejor camino para tener una futura relación cordial como padres es denunciar a tu ex pareja?

Absurdas situaciones de enfrentamiento con malas caras, reproches y un constante pensamiento en la mente de ambos. Buff!!! ¿Cómo he podido estar tan ciego/a y he podido vivir todos estos años con esa persona?

En  nuestro papel de abogados nos toca escuchar y creer en la versión de los hechos de nuestro cliente. Los años de experiencia a las espaldas nos ayudan a poner en cuarentena determinados comentarios y hechos que llegan a nuestros oídos. Somos conscientes de que cada una de las partes tiene y ha vivido su verdad, y al escuchar ambas versiones es como si cada uno hubiera vivido una historia completamente diferente. Y muchas veces nos preguntamos, ¿cuál es la realidad de lo vivido en común?

Ese es el duro papel de los jueces, fiscales y abogados. Aunque en muchas ocasiones la justicia parece ciega ante los sentimientos de las personas, en ocasiones vivimos episodios de humanidad en los que las actuaciones de los propios padres parecen las más insensibles y absurdas hasta a los ojos insensibles acostumbrados de la justicia.

Esta semana hemos tenido la oportunidad de participar en nuestro papel de abogados en defensa de una madre denunciada por su ex marido por un supuesto delito de revelación de secretos. Acusada de haber accedido a los mails y el WhatsApp de su ex marido y de descubrir una supuesta relación amorosa con una tercera persona, que ha desembocado en el divorcio y en una lucha en el juzgado por la custodia de las hijas menores.

El dolor de la madre ante la supuesta traición reiterada a su amor y confianza. El dolor del padre ante la supuesta acusación falsa por hechos que el niega ser verdad, hacen que ambos dirigidos por el dolor terminen entrando en un bucle de denuncias  por los hechos más extravagantes.

Hemos podido tener el privilegio de asistir a un intento de conciliación en el conflicto que ambas partes vivían, animado al entendimiento por parte del Fiscal y la Jueza. Ha sido esperanzador ver como siguen existiendo personas de corazón tras esas togas negras y casi siempre semblantes serios. Ha sido un precioso gesto ver como al margen de su función trataban desde su autoridad poner cordura en una situación carente de toda lógica a los ojos de todas las partes intervinientes menos a los ojos dolidos de los propios padres enfrentados.

Unos padres que han olvidado que una vez se amaron, y que fruto de ese amor tienen  dos hijas menores en común y que por desgracia, ahora viven sumidas en el dolor de la ruptura.

Antes de entrar a declarar, hablando en el pasillo con la clienta, le preguntamos en privado sobre si su ex pareja era buen padre. Su respuesta fue un inmediato «no es mal padre, tan solo no está acostumbrado a ejercer ese papel».

Como sucede muy a menudo, por desgracia se suele confundir no haber tenido un papel activo con no querer. Y se quiere creer que no va a saber.

Nadie hasta este momento ha sabido explicar a esta madre preocupada que no es necesario cronometrar al milímetro el tiempo de visitas. Que no pasa nada malo porque el padre esté más tiempo del estrictamente estipulado en el acuerdo con sus hijas. Que no hay nada malo en saltarse las visitas programadas y ajustarlas en otro tiempo en el que padre e hijas puedan compartir espacio.

Si lo que de verdad quieres en el futuro es que tus hijas sigan teniendo un padre como se merecen y se acostumbren lo más pronto posible a pasar tiempo con él, lo mejor que puedes hacer es favorecer ese tiempo.

Y a la vez, nadie le ha dicho a ese padre que si debido a sus actos ha perdido la confianza de su ex, ahora todo cuanto haga o diga va cargado con un plus de desconfianza. Debe ser paciente y debe volver a ganarse la confianza perdida. Y, sobre todo, por el bienestar de sus hijas, debe evitar criticarla y entrar en descalificaciones mutuas.

En fin, lo que siempre decimos. El conflicto sólo atrae más conflicto.

Cuando nos llegan situaciones como estas, siempre viene a nuestra memoria el recuerdo de un cliente que apareció en nuestro despacho portando una gran maleta de viaje. Cuando llegó al despacho, pensamos que tras la visita tenía que irse de viaje. Cuando le preguntamos por la maleta, la posó sobre la mesa del despacho, la abrió y sacó todas las denuncias que acumulaba a lo largo del primer año tras su divorcio.

Era el típico padre sumido en el dolor que ante la más mínima oposición, lo entendía como una provocación y lo arreglaba con una demanda o denuncia. No sólo mantenía el conflicto en la vía civil, con su demanda de divorcio sino que su enfrentamiento se había trasladado incluso a la vía penal. Su vida era el odio, el conflicto y la guerra, y lo único que atraía era más conflicto.

Muchos abogados de divorcios se habrían frotado las manos pensando en la cantidad de miles de euros en procedimientos, pero la verdadera realidad es que en lo único que pudimos pensar es en ayudarle. No en ayudarle a ganar los numerosos juicios que traía, sino ayudarle a salir del conflicto en su vida. Es una auténtica pena acabar entre un mar de denuncias con la que es el padre o la madre de tus hijos.

Fue necesario un año entero de saber escuchar, hacer razonar y tratar de imponer cordura. Horas y horas de conversaciones en las que pudimos poco a poco hacerle entender que debía cambiar la forma de ver todo lo que vivía. Donde el veía provocación, nosotros veíamos falta de entendimiento y un dolor muy reciente.

Hemos tenido que escuchar más de una vez a algún que otro compañero decirnos:

¡Nosotros somos abogados no psicólogos!

Ante ello, lo que siempre nos gusta contestar es lo siguiente: Ante todo somos personas. La diferencia, querido compañero, es que en Casasempere abogados hemos vivido en persona un proceso de divorcio verdaderamente conflictivo, y hemos caído en estos mismos errores, por lo que nosotros sabemos en lo que hemos fallado. Hemos vivido durante años en esa guerra y somos conscientes que no es el camino. Sabemos que el resultado de tanta guerra es distanciamiento, rencor, dolor, odio, etc… Somos conscientes de lo que está fallando y es una pena ver que van a arruinar su futura relación como padres.

El paso del tiempo y tener como único objetivo común querer lo mejor para los hijos es la mejor guía para pasar página.

Que la más mínima conversación termine con ambos alterados, perdiendo los papeles y gritando reproches hace que se viva denuncia tras denuncia. Que se llegue a pedir pena de prisión para el padre o la madre de tus hijos es lo más triste a lo que se puede llegar tras haber vivido una relación de amor.

Y sin ninguna duda, uno de los papeles más complicados de los abogados de divorcio y de todos los abogados en general es mantener la imparcialidad. No contaminarse por un deseo de querer ganar, y ayudar al cliente, a toda costa y por encima de todo. La pasión, el deseo de ayudar y creer como única verdad lo que nuestros clientes nos cuentan, hace que en muchas ocasiones nos ceguemos a la verdadera realidad de lo ocurrido.

Pasamos horas, meses e incluso años junto a nuestros clientes, escuchamos sus más íntimas confesiones de lo que ha sido su vida. Bueno, más bien su percepción de lo que ha sido. Porque cuando esos hechos se ponen en común con lo vivido por la otra parte en las declaraciones de los juzgados, se descubre que algo no termina de encajar. ¿Quién está contando la verdad?

En muchas ocasiones las personas responsabilizan a la justicia (jueces, fiscales, abogados…) del resultado de las sentencias de divorcio. Golpes en el pecho gritando la injusticia de la ley por no atender sus concretas peticiones. ¡No me han querido dar la razón! ¡Que injusticia!

Pero no se dan cuenta de que la gran RESPONSABILIDAD es personal y propia.

 

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Durante el primer año tras la ruptura de pareja lo más habitual es vivir cegado en el rencor, el odio y el dolor. ¿Dónde quedó el amor? ¿Cómo es tan fácil olvidar que una vez  hubo amor y que ese amor dio como fruto a unos maravillosos hijos?

Es mucho más fácil culpabilizar al otro que empezar a responsabilizarse. Echar balones fuera que asumir la propia responsabilidad personal. A nosotros nos gusta preguntar:

¿Qué has hecho tú para llegar a este resultado? ¿Qué estás haciendo para continuar en este conflicto?

Lo vemos a diario. A la pregunta ¿No te das cuenta de que vives en el dolor?, la respuesta es, ¡Yo no!, es él o ella que no quiere darse cuenta y no quiere negociar conmigo. Sólo me odia y me desea lo peor. Siempre la mirada puesta en el otro y no en mí.

Y todo se complica si, además, los profesionales que se suponen que deben imponer cordura y ser imparciales y objetivos, se mimetizan con su cliente y se dejan contaminar hasta el extremo por la percepción de la realidad de su cliente.

Así lo pudimos vivir una vez más esta semana con el abogado de la otra parte, el marido. A la pregunta dirigida por su señoría a nuestro cliente «¿Usted ya conocía antes al letrado, verdad»?, y la tímida respuesta “Sí, es amigo íntimo de mi ex marido”, la jueza asintió como queriendo decir ahora lo entiendo todo.

Salió ese ánimo en querer tener la razón por encima de todo. Esa falta de querer conciliar. Este no es el camino, aunque entendemos que ese abogado, el compañero, lo hizo lo mejor que supo.

El mejor favor que le podemos hacer a nuestros clientes como abogados de divorcios es abrirles los ojos a la realidad. Por el bien de sus hijos es mejor decirles donde se están equivocando. Que van a conseguir al querer continuar por ese camino erróneo.

Todos debemos conocer y asumir nuestra responsabilidad en el resultado al que hemos llegado y, por el bien de los hijos, lo mejor es empezar a dar pasos para tratar de salvar la futura relación de padres.

No hace falta ser amigos. No hace falta llevarse bien. Simplemente hay que ser padres. Y acudir a un juzgado denunciando al otro es el peor medio para mantener la cordialidad.

Si eres padre o madre y tienes continuos problemas con tu ex pareja, antes de denunciarle, te pedimos por favor que te pares y te preguntes

 ¿Este es el mejor camino para el bienestar de mis hijos?

Cuéntanos qué experiencia has vivido tú en el juzgado. Qué te conmovió por dentro y te demostró que detrás de los jueces, los fiscales y los abogados hay personas con un enorme corazón.

Perdona y libérate de tu proceso de divorcio. Vive en paz

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Me es imposible perdonar. Si perdonara yo saldría perdiendo. El 100 % de la culpa de que yo me sienta herido es suya, yo no tengo ninguna responsabilidad. Tiene que pagar por lo que ha hecho. Si quiero protegerme para que no me vuelvan a herir, no puedo perdonar.

Estos son muchas de las justificaciones que vienen a nuestra mente cuando nos   sentimos heridos. Arrastramos dolor y sufrimiento por ofensas vividas con padres, hermanos, familiares, parejas, hijos…

Hay personas que se pasan toda una vida sin volver a hablarse.

¿Cómo prefieres vivir cada minuto de tu vida? ¿desde la paz y la tranquilidad o desde el reproche, el odio y el dolor permanente?

¿Qué prefieres tener razón o ser feliz?

Nos empeñamos en pensar que si perdonamos perdemos y no nos damos cuenta de que ya hemos perdido. Y que al no perdonarnos seguimos perdiendo.

Uno de los principales deseos de toda persona en su vida es vivir en PAZ.

¿Vives en PAZ o arrastras sufrimiento pasado en tus espaldas?

En la ruptura de pareja o durante el proceso de divorcio el sentimiento de dolor que experimentas se multiplica en tu mente,  si hay hijos menores comunes al dolor de sentirse herido se le suma el dolor como padres.

Te sientes herido por la persona a la que amabas. Aquella persona que se supone que debía protegerte, cuidarte, amarte y respetarte. Te sientes traicionado y muy decepcionado.

Nos empeñamos en vivir la vida desde el dolor.

Nos encanta acumular el peso del sufrimiento a nuestras espaldas. Nos encanta cargar pesadas mochilas repletas de dolor emocional.

En ningún momento nos paramos a pensar que podemos liberar esas cargas que arrastramos y que podemos vivir en paz.

Para caminar en la vida no hace falta arrastrar sufrimiento.  Sólo hay que querer perdonar para poder vivir en paz.

Si en el pasado resultamos heridos en la relación con alguien sólo tenemos dos caminos. Perdonar o no perdonar

No perdonar, significa que queremos quedar anclados en el pasado y que aceptamos eliminar de nuestra vida la posibilidad de alcanzar la paz. Elegimos sufrimiento.

Si perdonamos, tanto nuestro cuerpo como nuestro interior se calma y nos liberamos de ese peso del pasado. Conseguimos paz y libertad de espíritu. Perdonar significa que nos liberamos del pasado que nos ata, dejamos de hacer reproches y escogemos la calma de vivir en el momento presente.

¿Estarías dispuesto a perdonar a tu ex aunque sea sólo por el deseo de vivir en paz?

Hay que comprender que en nuestras relaciones a veces nos hieren y debemos aceptarlo. Primero tenemos que conseguir perdonarnos a nosotros mismos, aceptar que nos han herido. Perdonarnos por ese dolor y después perdonar a los demás.

Perdonar a alguien en contra de lo que se piensa es un acto sólo para ti mismo no para nadie más. Es un proceso interior que hace que tu vida sea mucho mejor.

Al perdonar te sientes purificado, renovado, ligero

Si algo cuesta a las personas que viven un proceso de divorcio con hijos menores es perdonar.

Y lo sabemos por experiencia propia. En el caso de nuestro compañero Javier, el dolor acumulado durante décadas de reproches, guerras y conflictos hacía que el solo hecho de tener que asistir junto a la madre de sus hijos a actos cotidianos como padres, como pueden ser una reunión escolar o a una revisión médica, le tensara todo su ser y ese día no estuviera para nada de humor. Se volvía mucho más susceptible y tenso con todos aquellos con los que se cruzaba. Dejaba de ser él, su brillo habitual quedaba oscurecido por un velo de sufrimiento y tensión.

Aunque Javier se trabajaba a nivel interior y leía libros de desarrollo personal que trataban las virtudes del perdón, el dolor sufrido se había agarrado bien a su ser y se negaba a soltarlo. Para su ego era mucho mejor tener ese dolor como aliado.

Pero cuando uno desea de corazón vivir desde el amor, desea alcanzar la paz y la tranquilidad en su vida, no se deja dominar por el sufrimiento pasado. Sigue aprendiendo, sigue estudiando y buscando.

Y entonces, una simple lectura, un audio libro, una charla, un comentario o releer un libro, hace que en un momento dado en tu mente salte un “click”, sin saber como entiendes, comprendes o de repente ves claro algo que antes ni advertías.

En su caso, escuchar en IVOOX el audio libro La Ley del espejo de de Yoshinori Goruchi le hizo crecer.

Le hizo entender una tarde de domingo el por qué de su dolor. A pesar de que creía que había perdonado, se dio cuenta de que en contra de lo que pensaba todavía había escogiendo no perdonar. Y arrastraba a sus espaldas el sufrimiento acumulado de más de 10 años de reproches, conflicto y dolor vivido.

8 pasos para liberar tu vida

Al oír ese audio lloró. Comprendió por qué seguía sintiendo dolor en su vida y decidió aplicar los 8 pasos para conseguir liberar su vida. Aprendió a perdonar:

PASO 1.- Haz una lista con aquellas personas a las que no puedes perdonar y que piensas que te sentirías mejor si consiguieras perdonarlas.

Como hemos dicho al principio de este post, arrastramos dolor y sufrimiento por heridas con nuestros padres, hermanos, hijos, amigos, parejas….etc.

Pues es el momento de hacer colada emocional. Es el momento de limpiar nuestra mochila emocional de toda aquella carga innecesaria. Toca perdonar todo lo que no nos ayuda a crecer y liberar nuestras vidas.

PASO 2.-Coge unas hojas de papel y expresa tus sentimientos hacía aquella persona que has escogido perdonar de tu lista.

Escribe los sentimientos que tenías en esos momentos.

Déjate llevar. Quizá lo que sale no es agradable. Quizá te apetece poner que es un imbécil, un desagradecido, que te sientes triste, decepcionado…

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Escribe tal y como lo sientes, no es necesario que te controles y si sientes ganas de llorar, hazlo. No te reprimas. Estamos liberando el lastre que llevas acumulado durante años.

Cuando sientas que has escrito suficiente, para. Rompe la hoja y tíralo a la papelera.

PASO 3.- Ahora imagina y escribe los motivos por los que tu crees que aquella persona actuó de esa manera.

Debes saber en este punto que en esta vida las dos principales motivaciones son  2:

1.-Sentir placer

2.- Evitar dolor

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No juzgues, sólo intenta comprender. Todos hacemos actos por inmadurez, debilidad o torpeza. Debemos comprender que en cada momento cada uno hizo lo mejor que sabía hacer con las habilidades que disponía.

Y debes decirte, al igual que yo lo puedo desear o lo quería evitar, él o ella también deseaba sentir placer o evitar ese dolor.

PASO 4.- Escribe aquello que puedes agradecer a aquella persona.

Escribe tanto como puedas. Intenta recordar lo máximo posible.

Por pequeño que sea seguro que hay alguna cosa que puedes agradecer.

En el caso de nuestro compañero Javier, a él le ayudó agradecer que a pesar de todo el dolor que tenía hacia su ex pareja, gracias a ella, existían sus dos maravillosos hijos. Que gracias a su relación ahora podía amar a sus hijos.

PASO 5.- Utilice la fuerza de las palabras.

Dígase “para mi propia felicidad, calma y tranquilidad perdono a ….”

No hace falta que lo sientas, basta con simularlo. En esta vida primero se hace o se disimula para que después se manifieste y se haga realidad.

Debes repetirlo mínimo durante 10 minutos. Si es más tiempo mucho mejor.

Y si quieres hacerlo de sobresaliente, puedes sentarte directamente con aquellas personas a las que quieres perdonar y hacer estos pasos.

Si tras expresar tu perdón no lo aceptan, esa es una cuestión suya. Por haber perdonado tú dejas de ser la víctima y vuelves a ser el principal responsable de tu vida.

PASO 6.- Escribe aquello de lo que quieres disculparte.

Quizás tú lo tienes grabado a fuego en tu mente, pero la persona a la que vas a pedir perdón puede no haber ni sabido que te había ofendido. Explícale con detalle qué fue lo que ocurrió.

PASO 7.- Escribe lo que has aprendido gracias a la relación con aquella persona.

Agradece el haberos conocido. Todos aprendemos algo de las personas con las que nos relacionamos, con las que coincidimos en el camino de la vida.

PASO 8.- Declara te perdono. Perdono a…

La palabra es la manifestación de nuestros pensamientos. Al decirlo lo haces realidad. Al declarar en voz alta que le perdonas lo estás manifestando de verdad.

Y Si tras hacerlo sigues sintiendo que no lo puedes perdonar vuelve a repetir durante otros 10 minutos el decirlo en voz alta. Sigue simulando tu perdón hasta que lo sientas. Hasta que sientas como el peso que hasta hoy cargabas a tus espaldas empieza a liberarse.

Nuestro compañero siguió todos y cada uno de estos pasos y te aseguro que esa misma tarde se sintió liberado. El peso que arrastraba a sus espaldas pareció aligerar de forma extraordinaria.

Se dejó llevar, lloró como un niño, sacó todo lo que llevaba dentro de su mochila emocional y experimentó en su ser una paz y una tranquilidad como nunca antes había sentido.

Y tú,

¿piensas seguir arrastrando el peso de tu pasado o piensas empezar a perdonar?

Escoge DOLOR o PAZ. De ti depende

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Cómo transformar tu divorcio de conflicto y sufrimiento en un divorcio de amor y paz

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¡Me divorcio! Lo tengo decidido. Ya no aguanto más. Estas son algunas de las muchas afirmaciones que salen de tu boca cuando la relación de la pareja se va rompiendo y toca a su fin. Estas y otras muchas más directas: ¡Ya está bien de que me haga la vida imposible!, ¡No hay derecho lo que me ha hecho!, ¡Yo no me merezco esto!

Las personas cuando elegimos algo en la vida tenemos dos opciones. Elegir desde el amor o elegir desde el miedo. En un divorcio no es diferente. Elegimos desde el amor o desde el temor. Más que desde el temor, desde el odio y el conflicto.

Cuando una pareja o matrimonio decide divorciarse rara vez lo hace desde la madurez y aceptación de que ha sido una etapa maravillosa en sus vidas, de la cual están agradecidos, y ahora ha llegado el momento de pasar a otra nueva. Normalmente detrás de esa decisión de divorcio hay dolor, reproches y resentimiento. Hay si cabe aún más de todo ello que en la época del matrimonio en la que surgieron todas las diferencias que ocasionaron la ruptura. Esa situación de enfrentamiento ya viene desde lejos, porque si en ese momento no se hubiera pensado desde el conflicto y el temor sino desde el amor, muy probablemente no se habría llegado al divorcio.

Sin embargo, lo cierto es que la práctica totalidad de los matrimonios que se acercan a su fin, vienen ya desgastados por un continuo cúmulo de diferencias llevadas al extremo en forma de discusiones y guerras. Y esas discusiones continúan cuando a través del divorcio quieren regular su vida futura.

Continuar después del divorcio

Es curioso como la mayoría de los matrimonios que quieren divorciarse lo hacen por querer una vida nueva sin la pareja que tienen al lado y sin embargo luego se dedican toda esa nueva vida dependiendo de ella y pendientes de hacerle la vida imposible.

Quieres divorciarte porque la relación está muy desgastada, no quieres continuar con tu pareja y decides empezar de nuevo, y en vez de eso no solo no empiezas, sino que continúas a partir del divorcio. Y continuas y continuas, ahora desde la lejanía, pero insistiendo con esa relación tormentosa de odio hacia tu pareja en forma de juicios, denuncias y decisiones, pensadas en el día a día más en hacer daño a tu ex que en crecer tú como persona.

Y si a eso le unimos el hecho que hay hijos menores en común la cosa se complica aún más. Mejor dicho, la complican los padres aún más. Son muchos los casos en que se sirven de esos hijos para hacer más agresivo y conflictivo ese divorcio, ya que los utilizan como arma arrojadiza contra su ex pareja y padre o madre de ellos.

Cuando una pareja o matrimonio decide divorciarse rara vez lo hace desde la madurez y aceptación de que ha sido una etapa maravillosa en sus vidas, de la cual están agradecidos, y ahora ha llegado el momento de pasar a otra nueva

Nuestra vida es como una mochila, es tu decisión llevar el equipaje justo y necesario para cada etapa de tu vida, dejando fuera todo aquello que ya pasó, o arrastrar un peso cada vez mayor porque somos incapaces de sacar de ella todo aquello que ya no es necesario.

Si tu objetivo es cerrar esta etapa de tu vida, no tiene sentido que sigas almacenando en la  mochila los conflictos del pasado y que además la llenes con nuevos conflictos como demandas y  procesos judiciales.

¿Si has decidido poner fin a tu relación porque sigues planteando nuevos procesos judiciales que te obligan a seguir unidos?

En estas situaciones queda muy evidente  que las personas están decidiendo en todo momento desde el temor, odio y conflicto más que desde el amor. Desde el odio de culpabilizar a su pareja por todos los males del matrimonio más que desde el amor de responsabilizarse uno mismo del fracaso de la relación y aprender de ese fracaso. Desde el odio de intentar hacerle la vida imposible a su ex, con hijos comunes de por medio, más que desde el amor de empezar una nueva etapa y hacerle más fácil la vida a tu ex como padre o madre que es de tus hijos. Desde el odio de hacer con tus hijos siempre cualquier cosa dependiendo de lo que le pueda afectar o perjudicar a su ex, a su otro padre más que desde el amor de hacer con tus hijos siempre cualquier cosa pensando única y exclusivamente en su propio beneficio y por lo tanto en la felicidad tuya y de tu ex como padre o madre que es de ellos.

Y lo que es peor. Ese odio a lo único que te acerca es al sufrimiento, alejándote del amor y de la vida que deseas y siempre soñabas. Porque no se pueden dar las dos cosas. O hay amor o hay miedo, odio y sufrimiento.

Llegados a esta situación, ¿No crees que debe de haber otra manera de vivir?

Consejos para afrontar el divorcio desde el amor y no desde el odio

En Casasempere abogados te animamos a que siempre elijas desde el amor y  desde la cordura, ya sea en tu relación, ya sea decidiendo ponerle fin con el divorcio. Por eso, a continuación te damos algunos consejos que a nosotros nos han servido en la vida, sobretodo en momentos desafiantes como un problema o divorcio, para que empieces esta nueva etapa desde el amor y abandones todo lo que te lleve al miedo, rencor y sufrimiento:

  1. Empieza a cambiar tú y tu forma de pensar

 Nosotros creemos que lo primero que tienes que hacer para poder vivir una vida de amor es cambiar tú y tu manera de pensar. Todo lo que sucede en el mundo que ves, en el mundo exterior es un reflejo que lo que tú ves en el mundo interior. De lo que tú piensas.

Si tú quieres un mundo mejor, tú tienes que ser mejor

Si tú quieres un mundo de amor tú tienes que pensar en amor. Cualquier decisión de tu vida tiene que estar rodeada de amor. También las que afectan a tu relación con tu ex pareja y seguro madre o padre de tus niños.

Si tú quieres la felicidad de tus hijos tú tienes que pensar, decidir y actuar acorde única y exclusivamente a esa felicidad tuya y de tus hijos, felicidad que solo existirá si esa felicidad abarca también la felicidad de tu ex pareja como madre o padre que es de esos hijos.

Si no das amor es imposible recibir amor y para dar nunca hay que esperar a recibir.  Si recibes odio, debes responder con más amor, porque sólo cuando primero das amor entonces podrá empezar a recibir amor en todo lo que haces.

Una de las reglas universales de esta vida es dar para recibir, no pienses en recibir para primero dar, simplemente da amor sin esperar a recibir.

Quítale el micrófono y el protagonismo a esa vocecita que continuamente te habla llamada ego. Dale las gracias, dile que ya no la necesitas y enfócate en todo lo bueno que te queda por vivir.  

  1. Perdónate a ti mismo y quiérete más

El divorcio suele ser un momento en el que, con independencia a como lo afrontes, no faltan reproches a uno mismo por todo. Uno también se culpabiliza por todo por haber llegado a esa situación. Que si ha destrozado su vida y la de sus hijos, que si ya no va a volver a encontrar ni a vivir el amor, que si soy un desastre. En definitiva, que cómo he llegado a esta situación.

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Aléjate de esos pensamientos. Sácalos de tu cabeza. No te crucifiques. Piensa que tú en todo momento has hecho lo mejor que sabías hacerlo y que si todo ello te ha llevado a esta situación es porque era lo que más te convenía para tu vida y felicidad. Míralo todo como a continuación te mostramos y empieza a vivir una vida más desde el ser que desde el tener.

Plántale cara a tu voz interior, aquella que te pide que desenvaines la espada de guerra. Aquella que te dice: ¡Pero no piensas responder!, ¡Se está burlando de ti!, ¡De verdad piensas ceder una vez más! Quítale el poder a ese sentimiento interior que te domina de odio, rabia, rencor. Eres mucho más fuerte y demuestras mucho más coraje y valor si controlas tu mente y te enfocas en ver todo desde el amor.

Ese odio a lo único que te acerca es al sufrimiento, alejándote del amor y de la vida que deseas y siempre soñabas.

Hasta que no dejes de vivir en el conflicto y empieces a enfocar tu vida desde el amor, jamás podrás vivir con esa paz y tranquilidad que deseas. Si tu cuerpo lo recorre un sentimiento de venganza sólo vas a conseguir conflicto en tu vida.

Nos preguntan muchas veces, ¿Es que esta guerra no va a terminar nunca?

No mientras tu no empieces a responder a los ataques con amor.

No mientras sigas sintiendo odio y rencor cada vez que intercambias unas palabras.

No mientras no decidas dejar ir ese sentimiento de dolor.

De ti depende.

  1. Acepta la situación y elige el camino del aprendizaje

Hasta aquí has llegado. La palabra divorcio aparece en tu vida. Y ahora tienes dos opciones. Mirarlo desde el reproche, la culpabilidad o mirarlo desde la aceptación y el aprendizaje. Nosotros en el despacho nos recordamos muy a menudo que:

 Todo lo que sucede conviene

Míralo así tú también. Has llegado a esta situación y gracias a lo vivido has sacado un grandísimo aprendizaje que te ha hecho crecer muchísimo y que es el inicio de una vida maravillosa. Detrás de estos desafíos y aprendizajes hay una vida de bendiciones.

Enfócate más en todas las cosas maravillosas que tienes en esta vida, y en lo mucho y bueno que te queda por disfrutar, más que en lo que no tienes o te falta. Vive la vida desde la oportunidad y responsabilidad y no desde la tragedia y el victimismo.

  1. Perdona a todo el mundo y agradece

Conseguir perdonar de verdad, sentir recorrer el dolor en su máxima intensidad por todos los poros de tu cuerpo, y dejarlo ir definitivamente es, sin ninguna duda, lo más complicado.

Es complicado aprender a perdonar. Es tal el volumen de odio, rencor y reproche acumulado durante estos años en tu mochila emocional que andar supone para ti un enorme desgaste emocional. El problema es que hasta que no consigas perdonar y liberar tu ser no vas a poder avanzar.

Mientras siga existiendo un rescoldo de odio, rencor y dolor, la vida te seguirá dando la oportunidad de aprender a perdonar. Y para ello, te pondrá una y otra vez ante el mismo   o similar suceso, porque la vida no deja de ser un taller de amor en el que cada día tienes una nueva oportunidad de aprender desde la única fuente posible. El amor.

Perdonar supone poder ponerte delante y que tus pulsaciones no se aceleren,  que tu único deseo no sea alejarte rápido. Que lo que más te gustaría no fuera gritarle todos los reproches que llegan a tu mente.

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Para perdonar es necesario agradecer. Agradecer todas aquellas cosas buenas que hace en favor de tus hijos. Agradecer todo lo bueno que ambos dais a vuestros hijos.

El mejor hábito diario para evitar acumular energía negativa es perdonarse, perdonar y agradecer.

Y tú, ¿Qué tienes que agradecer hoy? Y ¿A quién tienes que agradecer algo hoy? ¿Qué pasos de los vistos vas a poner ya en marcha?

Nosotros decidimos vivir desde el amor, ¿Y tú?

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